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Derecho de manifestación y sus márgenes en España.

En este momento es actualidad en España las manifestaciones que se están dando en Valencia contra el estado ruinoso de los centros públicos en esta Comunidad. Los alumnos llegan a quejarse de que no hay calefacción y tienen que ir con mantas a clase, entre otras cosas.
Dejando de lado el estado en que pueda encontrarse la educación en Valencia (y en España) que daría para varios artículos y que es un tema en el que yo no tengo conocimientos profundos; el principal motivo de la notoriedad de estas noticias es la naturaleza de las intervenciones policiales que se han ido sucediendo contra estas manifestaciones. Por un lado, el Partido Popular se dedica a afirmar que la actuación de la policía ha sido proporcionada, dentro de la legalidad y que en general se mantiene la normalidad salvo grupúsculos radicales, mientras que el PSOE, a miércoles 22 de febrero ha afirmado en la sesión de control al gobierno, por medio de su portavoz, que se han observado escenas intolerables de represión policial. Otro diputado del PSOE ha dicho que algunos manifestantes habían sido “brutalmente apaleados“. Izquierda Unida no ha aportado mucho más al respecto que lo que ya ha dicho el Partido Socialista.
El caso es que nuestro Congreso, de nuevo, se convierte en el ruedo de la contienda política de epítetos y calificaciones. Que si brutalidad, que si actuación dentro de la legalidad y proporcionada… entramos en la típica lucha que más le gusta a nuestros dos principales partidos. Al PSOE porque es populista y piensa que si consigue demonizar las actuaciones policiales, el PP —que las defiende— perderá apoyos en la ciudadanía; mientras tanto, el PP entra al trapo porque le interesa más hablar de manifestaciones en Valencia que de datos económicos, y porque le conviene que el PSOE siga en la lucha del “que vienen los fachas” y no en la de las ideas. Y el PSOE le da el gusto, ¡cómo no! Sin embargo, ninguno hace nada por arreglar el problema. Se olvidan de que la labor principal del Poder Legislativo es legislar, y si hay un problema tienen los cauces legales para resolverlo de aquí en adelante. Pero no lo hacen. Mucho ruido y pocas nueces, como siempre.
Garzónspiranoia…
…o “el extraño caso penal en el que lo menos importante parece que es si es o no culpable de lo que se le acusa”
Últimamente es noticia en todos los telediarios el hecho de que Garzón puede ser condenado por la friolera de tres delitos de prevaricación: Uno por archivar una causa contra Botín, dado que había recibido unos generosos pagos para los cursos que había estado practicando en los Estados Unidos, y no se abstuvo de conocer del procedimiento, a pesar de que incluso había llegado a cartearse con Botín manifestándole su afecto.
Otro por declararse competente para juzgar y, previa una investigación de un coste millonario, condenar a personas ya difuntas, entre ellas Franco. En este punto me permito, porque algún ingenuo me dirá que lo hizo por encontrar a los desaparecidos, y por respeto a la sensibilidad de aquellos que perdieron familiares durante la represión franquista y no los han encontrado, señalar que el proceso penal no tiene por objeto buscar a personas desaparecidas, y que si se quiere hacer tal cosa, lo que se debe es o hacerse por la vía privada o solicitárselo al gobierno; porque pedírselo al juez penal, cuyo trabajo es sancionar, es como pedírselo al cuerpo de enfermeras y médicos de un hospital: No tiene nada que ver con su trabajo, por más noble labor que sea.
Y el tercero, por escuchas ilegales en la investigación del caso Gürtel. Al parecer, decidió colocar escuchas para que recogiesen las conversaciones que mantenían los imputados con sus abogados, dado que se creía posible, según Garzón, que se estuviese cometiendo un blanqueo de dinero por parte de estos abogados.
No vendré yo a escribir otro artículo sobre la flamante carrera de Garzón, sobre los enemigos y amigos que se pueda haber creado, sobre si los imputados del caso Gürtel deben o no ser encerrados, ni sobre la necesidad de dar luz a los casos de los desaparecidos durante el periodo de represión franquista. Para eso pueden ustedes consultar la red, porque han abundado los artículos sobre estos temas. No, yo de lo que vengo a hablar aquí es de otra cosa. De por qué nos preocupa más quién juzgue, quién acuse, y a quién o qué haya juzgado Garzón en el pasado o el presente que cuál delito pueda haber cometido, qué hechos suyos puedan ser constitutivos de delito, y si hay alguna causa de justificación en que pueda este Juez ampararse para que su conducta no sea antijurídica.
