Archivos Mensuales: enero 2012

La abstención no es negativa

Normalmente cuando se dan los resultados de unas elecciones se habla sobre el dato de la participación. Se comenta si es alta, si es baja, su variación respecto a otros años, etc. No obstante, lo más común es que en caso de que la participación sea considerada baja siempre se suele tomar como un dato negativo.

Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Debemos fomentar una participación alta del electorado aunque haya mucha gente que no tenga ni idea de lo que está votando? El dato de participación debería ser tomado como un dato aséptico, ni positivo ni negativo. En unas elecciones, ya no sólo me refiero a elecciones políticas, se debe ejercer el derecho al voto con responsabilidad. Antes que nada uno se debe informar de qué es lo que se está votando. Una vez informado al respecto, se deben conocer y valorar las diversas opciones que se ofrecen. Y si no se está dispuesto a hacer el esfuerzo de informarse, lo mejor es abstenerse. De acuerdo, puede que usted, que está leyendo este artículo, sí que cumpla las condiciones para un voto responsable, pero es que este texto va dirigido principalmente a un sector de población que seguramente jamás se topará con este escrito.

No quiero que se tome esto como una crítica hacia aquellas personas que no están interesadas en la política. Nada más lejos de la realidad. Considero que es una actitud completamente lícita. Cada uno tiene sus intereses personales y nadie tiene el derecho de entrometerse en ellos.

Para ilustrar mi posición, me gustaría poner un ejemplo. Imaginemos que estamos en una comida familiar y se decide cocinar una tarta de manzana. En la reunión tenemos a la abuela Encarni (ama de casa), a su marido Facundo (obrero jubilado), al hijo Pepe (chef de cocina), al hijo Manolo (ingeniero aeronáutico), a la hija María (jueza), al nieto Javier (estudiante de medicina), a la nieta Mónica (secretaria) y al vecino de enfrente Chen (dueño de un bazar). Ahora se dice que hay que decidir por votación la cantidad de ingredientes que hay que comprar. Normalmente no se haría así, pero es simplemente para ilustrar el ejemplo. Encarni y Pepe tienen conocimientos avanzados de cocina, Javier y Chen tienen conocimientos medios, y el resto no tienen ni idea de cómo hacer una tarta de manzana. Lo lógico sería que votasen Encarni, Pepe, Javier y Chen, y los demás se abstuvieran. ¿No es así?

En política lo que se promueve y lo que se fomenta es que Facundo, Manolo, María y Mónica, que no tienen ni idea de hacer tartas de manzana, decidan al respecto de la elaboración de ésta. Y no, no estoy sugiriendo que haya que cercenar el derecho de voto de estas personas, simplemente defiendo que no hay que promover que la gente vote, lo que hay que promover es que la gente se interese por la política y se informe al respecto. En lugar de gastar el dinero que se gasta en campañas institucionales en tiempos de elecciones fomentando la participación, se debería invertir en hacer llegar la política al ciudadano, en hacerles a éstos participes de ella, y en conseguir que la política cree un interés genuino en estas personas.

¿Cuántos de los que votaron en las últimas elecciones sabrían nombrar cinco partidos políticos dando una pequeña descripción de cada uno de ellos? Podríamos discutir sobre las estimaciones que daríamos, pero creo que en lo que coincidiríamos una mayoría de nosotros es que no sería un porcentaje muy elevado. ¿A quién le interesa que esta gente siga votando? A los mismos que han convertido las campañas electorales en meros productos de márketing. Aquéllos que pueden permitir pagarse enormes campañas con el dinero público de las subvenciones. Es la pescadilla que se muerde la cola, tengo mucha representación porque consigo muchos votos en las urnas, y consigo muchos votos en las urnas porque tengo mucha representación y por consiguiente me he podido pagar una fastuosa campaña de publicidad.

Algunos contraargumentarán al respecto que si hay poca participación la legitimidad de los resultados no sería la misma. Ese argumento es fácilmente desmontable con esta pregunta. ¿Quién tiene más legitimidad, aquél que ha ganado unas elecciones con el 20% de participación pero todos ellos sabían muy bien lo que estaban votando o el que las ha ganado con un 60%, de los que un gran porcentaje ha votado a unas siglas simplemente porque es lo que ha visto en los medios de comunicación y en las vallas publicitarias? Yo diría incluso que los segundos han corrompido el espíritu de la votación.

En conclusión, hace falta sentido común y humildad entre la gente. La humildad necesaria para admitir que si no tienes los conocimientos suficientes al respecto de un campo lo mejor es tener el sentido común y la responsabilidad de saber inhibirse uno mismo por propia voluntad. Porque si no la tarta de manzana tendremos que tirarla a la basura.

PD: Si alguien opina que esta entrada es contradictoria con el último artículo que publiqué en Vía Magenta, por favor, que se relea todo desde el principio porque significaría que no ha entendido nada.

Angustia

En ocasiones pasan días sin que apetezca escribir. Otras veces, tienes un rato libre y acometes esa entrada que tenías pensada hace semanas. Pero también están, como hoy, los días en que sientes que tienes que explicar lo que has sentido al ver una noticia, una escena cotidiana o al leer un artículo.

Este último es el caso que me ocupa en estos momentos. Me refiero al artículo que firmaba hoy Cristina López Schlichting en La Razón. Su título: “Llenaré tus días de vida”.

Lógicamente no lo voy a reescribir aquí. Para eso está el enlace. Lo que quiero comunicaros es la angustia y el dolor que he sentido ante el drama de una familia francesa. Otro de tantos que se dan por todo el mundo. Unos nos llegan, pero la mayoría, no.

La madre se llama Anne Dauphine Julliand. Estaba encinta de su tercer hijo cuando observó que la segunda, Thais, de poco menos de dos años, empezó a torcer un poco un piececito al andar. El diagnóstico, terrible, abrumador. Leucodistrofia metacromática. Dos meses después, la pequeña ya no andaba. En no mucho tiempo perdió el habla, el oído y la vista. También el tacto… El bebé que estaban esperando nació con la misma enfermedad.

Es aquí donde lo que yo escribo se aleja, hasta el infinito, de lo que aparece en la columna. Temo, de hecho, que con esta entrada esté pervirtiendo lo que Schlichting nos quiere comunicar.

El artículo es un canto al amor, a la esperanza, al coraje, a la valentía,  a la amistad… Un homenaje para esa familia destrozada, pero, aún así, optimista. Os recomiendo encarecidamente su lectura.

Pero por bella que sea esa moraleja, debo confesar que en mi ánimo ha cundido una angustia, un desasosiego, un dolor, que me han obligado a sentarme ante esta pantalla.

Admiro a esos padres. Admiro a tantos otros con historias semejantes. Pero confieso que yo me veo incapaz.

Es difícil anticipar de lo que somos capaces. Nunca podemos decir, con certeza, cómo reaccionaríamos ante dramas de este calibre. El ser humano es sorprendente. Muchas veces, incluso para sí mismo.

Pero en estos momentos, cuando ya hace un buen rato que acabé de leerlo, siento aún una desazón y una tristeza que me supera. No, yo no me creo capaz de sobrellevar una situación así. No me creo capaz de levantarme cada día y ver a mi pequeño un poco peor que ayer. No me creo capaz de seguir adelante sabiendo que no hay esperanza. No me creo capaz de darle la felicidad y la alegría que los padres de Thais y Azylis, la primera ya en el Cielo, hicieron sentir a esos niños.

Simplemente, no me creo capaz de soportar tanto dolor.

No voy a seguir. No he sido justo con vosotros. Me he sentido tan mal, hasta el borde de las lágrimas, que he intentado trasladaros un poco de ese sentimiento, de esa angustia. No, no he sido justo.

Pero es que es tan injusto todo…

 

No es otro artículo sobre el bicentenario de la Constitución de Cádiz

Este año la primera carta magna que tuvo España, la de 1812, cumple dos siglos. La Constitución llamada de Cádiz no estuvo mucho tiempo en vigor, pues Fernando VII la rechazó en cuanto llegó a España, y sólo la acató al no tener más remedio entre 1820 y 1823. Pero su importancia radica en que fue la primera promulgada en nuestro país, y una de las más avanzadas de la época.

Muchos son los homenajes que se van a hacer a lo largo de 2012 sobre este texto, pero aquí nos limitaremos a comentar algunos fragmentos curiosos o interesantes para una lectura actual. Vayámonos por ejemplo al artículo 6, que dice que “El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y asimismo el ser justos y benéficos”. Es bastante chocante para la mentalidad actual que se conciban como obligaciones cosas como el ser justo, benéfico o amar a la patria. Son cualidades difíciles de medir y de comprobar. ¿Os imagináis el debate de aquellos “padres de la constitución” en torno a este artículo en concreto?

Otro ejemplo de artículo anacrónico sería el 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera.”. No se contentan con establecer la religión católica como oficial, ¡sino que lo hacen a perpetuidad! Suponemos que los redactores del texto habrían recibido algún tipo de revelación celestial, si estaban tan seguros como para proclamarla como única verdadera.

En el artículo 13 podemos leer que “el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad  política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Casualmente varios usuarios de Territorio Magenta debatieron recientemente si el Estado debía tener como objetivo procurar la felicidad a los ciudadanos, o la debe buscar cada uno por sí mismo. Parece que en las Cortes de Cádiz lo tenían bastante claro.

Por último hay que hacer referencia al complejo sistema electoral que establecía la Constitución de 1812, con elecciones de compromisarios desde el ámbito más local, las parroquias, donde unas decenas o cientos de personas elegían a los electores que les representarían en la siguiente instancia para finalmente conformar las Cortes unicamerales. Un método que recuerda por ejemplo a los caucus actuales de las primarias en EE.UU. Quien esté interesado puede ver aquí, a partir del artículo 34, la descripción del sistema en su texto original.

Todos estos anacronismos no deben alejarnos de una visión de la Constitución de Cádiz como un texto enormemente liberal para principios del siglo XIX. ¿Qué opinarán los españoles  del año 2178, si es que existen, de la Constitución de 1978?

 

Delirios democráticos

La democracia española actual consiste en que el ciudadano vota cada cuatro años a los políticos que quiere que gobiernen las instituciones correspondientes. Punto final. Una vez pasadas las elecciones, el político ya ha obtenido lo que quería y no necesita nada más del ciudadano, por lo que comienzan a hacer y deshacer a su antojo generalmente a favor de sus intereses personales o del partido de turno. Podríamos hablar largo y tendido sobre los mecanismos que  la clase política dominante ha instaurado para perpetuarse en el poder, pero el objetivo de este artículo es diferente.

Mi intención es hablar sobre las posibilidades que las nuevas tecnologías nos brindan para darle una vuelta de tuerca a la política actual, hacer partícipes a los ciudadanos de las decisiones que se toman y dar un paso adelante en favor de una transparencia total. Seguramente lo habrán adivinado, estoy hablando de utilizar las redes informáticas como instrumento de participación política. Quizás hace diez años sería impensable proponerse algo así, pero en pleno 2012, existe la tecnología suficiente para llevar a cabo todo esto. No es ciencia ficción, estamos hablando del presente; es decir, si no se lleva a la realidad es porque no hay voluntad de ello.

Pero concretemos, ¿cuáles son las primeras medidas que se podrían tomar? Expliquémoslo con un ejemplo. Imaginemos un municipio de 10 000 habitantes —Omtown— del cual, por supuesto, tenemos los datos del censo municipal. La primera idea sería la de crear un portal virtual del municipio (www.omtown.es) en el que cada uno de los censados se pudiera identificar con un nombre de usuario y una contraseña. Una vez logueados en el sitio web correspondiente, tendríamos acceso a un foro en el que cualquier ciudadano del municipio pudiera opinar sobre los temas abiertos (“Pues yo opino que hay que crear una filmoteca dentro de la Casa de la Cultura”). Además los responsables públicos podrían dar sus explicaciones sobre la vida política del municipio, explicar lo votado en cada pleno, comentar sus posturas sobre las decisiones que toman, etc.

Hasta ahora no parece que haya propuesto nada realmente novedoso. Pero démosle otra vuelta de tuerca más. ¿Qué tal si se pudieran someter a referéndum ciertas cuestiones importantes para el municipio? Imaginemos que el Omtown Club de Fútbol, que está en Segunda División B, recibe anualmente 500 000€ en concepto de subvenciones por parte del consistorio. Sin embargo, mucha gente piensa que este dinero es excesivo y que realmente se da tanto porque el presidente del Omtown C.F. es el primo del alcalde. Se podría crear una especie de consulta popular en ese portal web de forma que se preguntara a los residentes de nuestro querido pueblo si está a favor de continuar dando esa subvención, de dar menos o incluso de eliminarla por completo. Obviamente esto habría que hacerlo bien, y no se podría poner la pregunta sin más: habría que realizar una labor informativa al respecto de la cuestión planteada, dando argumentos a favor y en contra del asunto e intentando ofrecer la mayor cantidad posible de información para que la gente pudiera votar en consecuencia.

Todo esto es sólo un ejemplo, pero puede dar una pequeña idea del potencial que tendría una herramienta así. Puede ser inmenso sólo con extrapolarlo a muchas otras cuestiones de mayor calado, incluso de entes de mayor envergadura como CCAA o el Estado. Pero bueno, no se puede comenzar a construir una casa por el tejado, por lo que primero habría que probar el sistema a pequeña escala.

Los beneficios que se conseguirían son evidentes: se crearía una grandísima implicación activa de los ciudadanos en la política, los gobernantes no podrían vivir de espaldas al pueblo durante los cuatro años posteriores a unas elecciones, y en general sería todo mucho más democrático. ¿Delirante? ¿Tal vez utópico? ¿Villuelesco? Juzguen ustedes mismos.

Final de temporada de Downton Abbey

Hoy, a las 22.30 h, en Antena 3, podremos disfrutar en España del final de la 2ª temporada de la exitosa serie británica Downton Abbey.

La serie es una nueva vuelta de tuerca a las relaciones entre señores y criados que vimos allá por los años 70 en la también británica Arriba y Abajo. En esta ocasión la familia protagonista es la familia Crawley, que vive en el Castillo de Downton Abbey (este castillo en la vida real es el Castillo de Highclere, en Hampshire). Los Crawley sólo tienen hijas, lo que hace que tras la muerte del heredero varón, el nuevo heredero de toda su fortuna pase a ser un primo lejano de clase media. Ésta es la premisa de partida a partir de la que se desarrollarán diversas tramas: de intriga, de envidias entre los señores y entre los criados, de escándalos que podrían poner en peligro la reputación de la familia Crawley, de amores problemáticos… Todo esto enmarcado en su contexto histórico, que hace por ejemplo que la 2ª temporada haya estado enmarcada en la 1ª Guerra Mundial.

Las relaciones entre señores y criados también dará mucho juego en la serie. No hay duda de que la relación entre éstos está muy edulcorada en la serie, con relaciones de amistad entre señores y criados que difícilmente se darían en la época en que se desarrolla la historia. Pero al fin y al cabo esto es una serie de televisión, no un documental de hábitos y costumbres de la época, y como entretenimiento la serie es impecable.

Con una 3ª temporada ya confirmada, sin duda dejarán varios cabos sueltos; sólo nos queda saber cuáles viendo el último capítulo de esta noche, del que de momento, gracias a la foto promocional de A3, sabemos que transcurrirá en Navidad.

Garzónspiranoia…

Fuente: Diario El Mundo

…o “el extraño caso penal en el que lo menos importante parece que es si es o no culpable de lo que se le acusa”

Últimamente es noticia en todos los telediarios el hecho de que Garzón puede ser condenado por la friolera de tres delitos de prevaricación: Uno por archivar una causa contra Botín, dado que había recibido unos generosos pagos para los cursos que había estado practicando en los Estados Unidos, y no se abstuvo de conocer del procedimiento, a pesar de que incluso había llegado a cartearse con Botín manifestándole su afecto.

Otro por declararse competente para juzgar y, previa una investigación de un coste millonario, condenar a personas ya difuntas, entre ellas Franco. En este punto me permito, porque algún ingenuo me dirá que lo hizo por encontrar a los desaparecidos, y por respeto a la sensibilidad de aquellos que perdieron familiares durante la represión franquista y no los han encontrado, señalar que el proceso penal no tiene por objeto buscar a personas desaparecidas, y que si se quiere hacer tal cosa, lo que se debe es o hacerse por la vía privada o solicitárselo al gobierno; porque pedírselo al juez penal, cuyo trabajo es sancionar, es como pedírselo al cuerpo de enfermeras y médicos de un hospital: No tiene nada que ver con su trabajo, por más noble labor que sea.

Y el tercero, por escuchas ilegales en la investigación del caso Gürtel. Al parecer, decidió colocar escuchas para que recogiesen las conversaciones que mantenían los imputados con sus abogados, dado que se creía posible, según Garzón, que se estuviese cometiendo un blanqueo de dinero por parte de estos abogados.

No vendré yo a escribir otro artículo sobre la flamante carrera de Garzón, sobre los enemigos y amigos que se pueda haber creado, sobre si los imputados del caso Gürtel deben o no ser encerrados, ni sobre la necesidad de dar luz a los casos de los desaparecidos durante el periodo de represión franquista. Para eso pueden ustedes consultar la red, porque han abundado los artículos sobre estos temas. No, yo de lo que vengo a hablar aquí es de otra cosa. De por qué nos preocupa más quién juzgue, quién acuse, y a quién o qué haya juzgado Garzón en el pasado o el presente que cuál delito pueda haber cometido, qué hechos suyos puedan ser constitutivos de delito, y si hay alguna causa de justificación en que pueda este Juez ampararse para que su conducta no sea antijurídica.

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¿Para qué existen los partidos políticos?

Edward Bloom dice en Big Fish que, cuando vayas a contar algo, “no deberías empezar con una pregunta, porque la gente intenta contestar las preguntas”. Así que yo debería haber titulado esta entrada algo así como “Lo fascinante de los partidos políticos es que…”.

Pues bien, lo fascinante de los partidos políticos es que las anécdotas más insignificantes te dicen mucho más que las palabras grandilocuentes de los mítines o los programas electorales. O eso es lo que voy a intentar demostrar a continuación. ¿Cómo? Pues a través de un par de anécdotas:

Mi prima pertenece a las Nuevas Generaciones del Partido Popular. Naturalmente, esto no tiene nada de malo. Un día, discutiendo amistosamente sobre la bondad o no de que los partidos tengan “juventudes”, me dijo algo que jamás diría un alto dirigente de uno de esos partidos pero que, tal vez precisamente por eso, encierra una gran verdad: “Tienes que demostrar que eres útil para el partido”. Simple, conciso, claro. Mi prima no lo dudó ni un momento, no vio nada malo en ello. Sin duda porque lo ve como algo natural. Es así: los grandes partidos necesitan ver si la gente joven que se les acerca puede serles de utilidad. ¿Y cómo lo prueban? Pues como se ha hecho toda la vida: encargándoles todo lo “encargable” y más, para que las altas esferas del partido no tengan que mover un dedo y puedan relajarse en sus bien merecidas poltronas. Como los becarios, pero sin ver un duro. Restan dos posibilidades, que se harten de pringar y se larguen con la misma fuerza con la que llegaron, pero sin ninguna confianza en el sistema; o que traguen con carros y carretas para seguir formando parte de eso, con la esperanza de que algún día se fijen en ellos para “algo más”.

Pero en esas altas esferas nadie cuenta todo eso, porque saben que no debería ser así. Porque los miembros de un partido deberían trabajar para los ciudadanos, no para el partido. Sólo alguien que, como mi prima, aún no esté corrompido por el ansia de poder puede ser tan inocente como para creer que no hay nada de malo en ello, cuando en el fondo está atentando contra la esencia de la democracia. Tal vez os parezcan fuertes mis palabras, pero no pienso desdecirme. Eso no es democracia, es otra cosa.

Otra anécdota la protagonizó la excandidata a encabezar la lista del PSOE a la Comunidad de Madrid, Trinidad Jiménez, cuando empezaba el revuelo por las primarias. En oposición a Gómez, la entonces futura exministra vino a decir algo así como que ella debía ser la cabeza de lista porque al ser más conocida tenía más posibilidades de ganar, y “ésa es la principal tarea de los partidos políticos, ganar elecciones”. Cuando escuché esto sentí mucho más asombro que durante la charla con mi prima, pues me parecía inconcebible que una persona con su experiencia política pudiese utilizar abiertamente semejantes términos. Confío plenamente en que los que estáis leyendo estas líneas comprendáis mi desconcierto. Cómo es eso de que los partidos están para… ¡ganar elecciones! Yo habría jurado que estaban para representar a los ciudadanos, para buscar lo mejor para todos: el bien común, o como cada uno quiera decirlo; como cantaba Labordeta, “esa gran utopía, la fraternidad”.

Así pues, esto no es sólo un desliz de una chica joven que no hace tanto que comenzó con gran ilusión su andadura en un partido político para hacer su contribución a la sociedad. No. Es que los partidos viejos ya ni siquiera se molestan en enmascarar sus verdaderas intenciones. Sus conciudadanos les importamos un pimiento. Lo único que les preocupa es seguir donde están y, si acaso, trepar un poco más alto. Y, por si algún ingenuo lo dudaba, ahora ya lo dicen abiertamente.

Catalaterapia

La Generalitat catalana ha elaborado un protocolo con el que se presiona a los empleados de la sanidad pública en aquella Comunidad Autónoma para que utilicen única y exclusivamente el catalán en su trato con el paciente, lo entienda éste o no.

Así lo hemos podido leer en distintos periódicos de tirada nacional, como, por ejemplo, El País.

No se trata de una broma, ni del argumento de una película berlanguiana, es lo que pasa en una región de España en el año 2012.

Es verdad que estamos acostumbrados a la desvergüenza con la que las autoridades comunitarias catalanas dirigen la política lingüística, pero esto parece demasiado.

¿De verdad pretenden que un médico que habla español perfectamente tenga que empeñarse en emplear el catalán aunque se halle ante un paciente que no entienda esa lengua?

¿Su idea es que, aún entendiendo ambos un idioma oficial común, el facultativo se dirija al enfermo en catalán, a sabiendas de que le va a costar hacerse entender, si es que lo logra?

A lo mejor, en las consultas catalanas se puedan escuchar expresiones como las que siguen:

“Señor Martínez, con más motivo debo atenderle en catalán, que sólo le quedan un par de meses de vida y va a andar muy justo de tiempo para aprender antes nuestra lengua nacional…”

“A ver, señor Pérez, le quedan un par de semanas. ¿Me entiende usted o se lo explico con manzanas?”

“Que le he dicho que se descubra, señora. No me mire con cara de tonta…”

No me lo puedo creer, os lo juro.

¿Es normal esto? No, no lo es. Lo normal es que si por la puerta de la consulta entra un paciente que se expresa en español, el médico le atienda en ese idioma oficial.

Quizá se trata de un nuevo tratamiento médico.

Quizá, efectivamente, no haya ninguna maldad en esta iniciativa.

Quizá, puestos a curar gripes, neumonías, fracturas, bronquitis, eczemas, tumores… sólo pretendan curar la peor enfermedad de todas, el desconocimiento de la única y verdadera lengua nacional catalana.

Quizá a todos los métodos curativos que manejan los facultativos de esa Comunidad, escayolas, enemas, antibióticos, radioterapia, quimioterapia, tengamos que añadir, a partir de ahora, uno nuevo, la catalaterapia.

El comienzo del final para Mujeres Desesperadas

Hoy estrenan en España, en la cadena FOX, la 8ª y última temporada de Mujeres desesperadas (Esposas de casa desesperadas o Amas de casa desesperadas en traducciones de otros países de habla hispana y Desperate housewives en su título original), serie estadounidense que empezó su andadura en 2004.

La serie ha basado su éxito en combinar elementos de telenovela con toques de misterio, con una gran intriga cada temporada. Su gran éxito llevó a que se aumentasen a 9 el número de temporadas, cuando originariamente se firmó para 7, aunque el descenso de audiencia en los últimos tiempos ha hecho que finalmente la 8ª vaya a ser la última temporada. Pero los seguidores de esta serie pueden estar satisfechos de que se haya anunciado su cancelación con una temporada de antelación, para que así su creador, Marc Cherry, pueda darle un final a la serie.

El devenir de la serie transcurre en Wisteria Lane, un barrio residencial menos idílico de lo que parece a simple vista.

Las desesperadas

Mary Alice Young (interpretada por Brenda Strong)

La serie comienza con su suicidio y desde entonces es la narradora de la serie, se supone que desde el más allá. El por qué se suicidó constituye una de las claves del misterio de la 1ª temporada.

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Liberalización del horario, ¿sí o no?

Liberalizar horarios en los comercios significa dejar abrir a un comercio en el horario que le plazca, lo que en teoría permitiría que hubiese comercios que abriesen los 365 días del año y 24 horas al día.

En principio uno podría pensar que liberalizar el horario es una buena idea, puesto que da libertad para que cada comerciante pueda abrir su negocio cuando quiera y los clientes además tienen más tiempo para poder hacer sus compras tranquilamente.

La disyuntiva sin embargo no es tan sencilla. Y es que el pequeño comercio se siente perjudicado frente a las grandes superficies con esta medida, puesto que para un negocio pequeño tener que competir con grandes superficies que abren las 24 horas del día los 7 días de la semana puede suponer ser esclavos de su negocio.

De esta forma, ante la proposición de esta medida en la Comunidad de Madrid, hay dos partes claramente enfrentadas: mientras que los grandes centros comerciales y las grandes distribuidoras se han mostrado a favor de la medida, el pequeño comercio se ha posicionado mayoritariamente en contra, hasta el punto de manifestar que esta medida puede suponer el cierre de multitud de pequeños negocios.

¿Destruirán los grandes centros comerciales a los pequeños negocios con la liberalización de horarios?

¿Es beneficioso liberalizar horarios? Os dejo aquí una pequeña encuesta para saber vuestra opinión:

Y ahora va mi opinión. Soy bastante liberal con muchas cosas, pero reconozco que esta medida no me acaba de convencer. Por un lado, parece bastante obvio que muchos comercios pequeños cerrarán y que el comercio se trasladará a grandes centros comerciales. Esto, desde mi punto de vista, resta opciones a los usuarios, puesto que prácticamente va a obligar a la gente a comprar en grandes centros comerciales que ofrecerán productos clónicos.

Por otra parte, con esta medida veo cada vez más difícil aspirar a horarios laborales como los del resto de Europa: los trabajadores tendrán que habituarse a trabajar a cualquier hora del día mientras que los consumidores tendrán que habituarse a consumir mucho, todo sea por el bien de la economía.

Me preocupa que en tiempos de crisis la única solución que se nos dé sea comprar más (en muchas ocasiones productos fabricados en otros países, así que no sé hasta qué punto esto es beneficioso para el país), y no se ahonde en problemas casi endémicos ya en este país como puedan ser el alto fracaso escolar, la baja productividad o el déficit perpetuo en el balance importaciones-exportaciones.

Es cierto que si queremos solucionar estos problemas que he nombrado el planteamiento tiene que ser a largo plazo, y que el “comprar, comprar” es lo que puede funcionar a corto plazo, dando al Estado dinero rápidamente, que es lo que necesita ahora. Pero el problema que yo veo es que sólo se está mirando al corto plazo, sin ninguna perspectiva de que en un futuro España no dependa sólo del turismo y la construcción. Valga como ejemplo el mini-Las Vegas que ahora quieren construir en la Comunidad de Madrid, que dará mucho dinero, no lo niego, pero que viendo cómo es Las Vegas en EEUU a una le preocupa que en la comunidad donde vive se quiera seguir ese modelo de negocio.

¿Podrá algún día España ser un país productivo e innovador o tendremos que conformarnos siempre con ir tirando con el turismo y el consumismo?