¿Qué pasa con las Malvinas?

Durante estas dos semanas las tensiones entre Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas (Falkland Islands en inglés) han subido de tono vertiginosamente y más por la reciente llegada del príncipe inglés Guillermo, además del envío de apoyo militar a las islas -un submarino nuclear cargado de misiles y un barco de guerra-. ¿Por qué este recrudecimiento? Parece ser que, en contra de las declaraciones oficiales sobre el caso, hay yacimientos petrolíferos rentables y han desplazado maquinaria para realizar prospecciones y extracción. Además, la plataforma continental entre el continente americano y las islas es muy extensa y no cae en picado a las pocas millas náuticas, por lo que es un caladero excepcional de pescado. Debido al esquilmado de los recursos costeros de otros países, poder controlar dicha plataforma continental es de suma trascendencia. Siempre ha habido este tipo de reclamaciones por parte de Argentina, pero en la actualidad hay un bagaje de choques diplomáticos previos que han elevado las tensiones -junto a la renuencia de los hospitales argentinos a tratar a los isleños-, unido a que los organismos internacionales sudamericanos han empezado a apoyar a Argentina, declarándose a favor de la devolución de las islas y bloqueando sus puertos a los buques con bandera de las Malvinas. Hoy, según parece, sólo existe un vuelo chileno hacia las islas.

Pero estas discordias vienen de lejos. Los registros históricos no aclaran mucho sobre quién descubrió el archipiélago, aunque siempre se barajó la posibilidad de que fuera un español o un portugués, y en menor medida alguien de Inglaterra. Fue el holandés De Weert quien fijó en 1600 las coordenadas de las islas y quien aportó pruebas de su llegada, confirmado el hecho en 1690 por el inglés Strong. Algunas expediciones arqueológicas han encontrado restos de poblaciones indígenas del continente aunque hasta el asentamiento de colonos franceses allá por 1764 nunca fue de forma permanente. Sin embargo, atendiendo al Derecho Internacional vigente en el siglo XV, quien avistaba o pisaba tierra podía reclamar ésta para su país, por lo que España procuró la evacuación de la colonia francesa y la llegada de españoles procedentes de los virreinatos americanos, sobre todo del virreinato del Río de la Plata, fundado en 1776. Esta ocupación permanente tuvo fuerte peso en la alegación contra Reino Unido por un asentamiento que realizó proclamando que para reclamar soberanía además de avistada una tierra ha de ser habitada. Este mencionado conflicto fue el culmen, ya que desde 1740 ambos países habían contendido para asegurarse la soberanía, cuestión nunca dirimida pero con España favorecida al tener colonias americanas cerca de la zona.

Las islas fueron abandonadas en 1811 al calor de la Revolución de Mayo argentina y repobladas en 1820 por argentinos haciendo uso del principio uti possidetis iuri por el cual al independizarse una colonia de la metrópolis su territorio abarcaba la misma extensión -con las mismas fronteras- de la unidad administrativa existente hasta la independencia. Pero en 1833, el capitán Onslow invade las islas para proclamar la soberanía inglesa, al calor de los conflictos de los gobernantes argentinos con los balleneros que pasaban por las Malvinas.

Este estatus se conservó hasta 1982, cuando el 2 de abril los argentinos invadieron las islas e iniciaron una administración que duró hasta mitad de junio, al finalizar la guerra a favor de los ingleses. Muchos argentinos comentan que seguían únicamente un antiguo tratado por el que las colonias tienen que reafirmar su soberanía cada 150 años, por lo que si arriaban bandera inglesa y colocaban la argentina este país se hacía con las islas. Sea como fuere, la guerra fue desigual y cruenta. El dictador argentino Galtieri, según dicen, tras una noche de copas con militares conocidos, mandó a cientos de jóvenes inexpertos a luchar contra tropas de élite. Los argentinos, que hacía pocas semanas se habían manifestado contra la dictadura, salían ahora a la calle para protestar contra los británicos y apoyar al régimen dictatorial. Tras el fin de la guerra, los jóvenes soldados se vieron repudiados y sin trabajo, muchos de ellos fueron internados en centros psiquiátricos o terminaron cometiendo suicidio: eran considerados como parte de la dictadura, cuando fueron llevados a la fuerza. Afortunadamente, ya hace unos años que se reivindica la figura de estos soldados, tratados incluso como héroes, pero hay gente que todavía hace la valoración sobre que eran guerreros contra invasores y no como lo que fueron en realidad: soldados enviados a la fuerza a una guerra perdida de antemano cuyo único propósito era dar legitimidad a la dictadura.

Después de dicha guerra los habitantes de la isla tuvieron acceso a la plena ciudadanía británica, aunque para la ONU esto aún no es suficiente, ya que sigue siendo una colonia. Reino Unido siempre ha dicho que el descubrimiento de las islas fue suyo y que fueron deshabitadas por los españoles, en un claro gesto de renuncia de soberanía. Actualmente, la reclamación es que las Malvinas son un Territorio Británico de Ultramar y que los propios isleños, descendientes de los primeros repobladores ingleses, son los que han de decidir sobre si son parte de Reino Unido o no (según los costes por la lejanía de la metrópoli y el poco rédito que daban las islas, un político inglés sostuvo que era mejor que votasen “no” y se independizaran). Por su parte, Argentina considera a las Malvinas como parte de la provincia de Tierra del Fuego, por lo que se considera a los habitantes de las islas como argentinos que son regidos ilegalmente por Reino Unido. Incluso en la Constitución Argentina se aboga porque las Malvinas son una parte irrenunciable de su territorio. La definición argentina excluye la posibilidad de referéndum de autogobierno, puesto que, según ellos, carecería de lógica.

Pero detrás de estas cuestiones sobre la escalada de tensión sobre la soberanía hay otras. Que Reino Unido, en un ataque de hipocresía, haya llamado a Argentina “colonizadora” no es para iniciar la II Guerra de las Malvinas, contando que tras la dictadura el ejército ha perdido fondos y estructuración. La inflación galopante del país, con una subida de un 2% en menos de un mes; las protestas sobre las concesiones mineras en Famatina, puesto que las empresas extranjeras que contaminan y expolian pueden sacar del país lo que se les antoje al declarar ellos sin ninguna supervisión nacional qué cantidad sacan sin reponer ni reinvertir nada; las represiones contra poblaciones indígenas en el norte y oeste del país; un control fiscal agobiante contra la compra de divisa extranjera; y el sobrecoste de tecnología al potenciar la producción nacional, pero que sólo montan, no fabrican piezas, y por tanto aumentan precios al penalizar la compra de los productos extranjeros; todo ello puede quedar rápidamente olvidado si se llaman a los sentimientos en detrimento de la razón. Que el enemigo esté fuera ya le sirvió a Galtieri para salvar momentáneamente los platos. Ojalá esto no sea una reedición de lo mismo.

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Publicado el 15/02/2012 en Política Internacional y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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