¿Proporcionalidad o austeridad?

Quiero plantear, por un lado, una reclamación constante por parte de la sociedad española y de aquellos partidos castigados por la ley electoral imperante. Se trata de la falta de proporcionalidad que origina dicha ley en la representación política a partir de los resultados electorales. Este déficit tiene varios orígenes, pero el más acusado es sin duda la circunscripción provincial, que en el caso de las provincias poco pobladas, produce este efecto. Una de las soluciones que mejoraría esta proporcionalidad, sin cambiar las circunscripciones, sería el aumento del número de diputados en el Congreso. Lógicamente, con mayor número de diputados mayor proporcionalidad.

Sin embargo, otro clamor de la ciudadanía es el comportamiento de la clase política, más aún en un contexto de crisis económica extrema. A los incesantes casos de corrupción que se van dando a conocer cada día, tenemos que sumar la sensación de que los políticos tienen elevados sueldos, trabajan poco, y cuando toman decisiones lo hacen de espaldas al pueblo, con quienes han perdido todo contacto desde las elecciones.

De esta manera, cuando se planteó la ampliación del número de parlamentarios, de 109 a 135, en Andalucía, puesto que el ratio por habitantes se había quedado desfasado, el líder regional del PP Arenas se quejó, argumentando que ningún parado -en Andalucía hay muchos-, le había planteado semejante demanda.

¿Cómo podemos conciliar estas dos tendencias, aparentemente incompatibles? Para centrar el asunto, si lo llevamos a un extremo, para obtener un máximo de proporcionalidad, podríamos hacer un parlamento de 1000 diputados, con circunscripción nacional, y sin barreras de entrada, donde con un 0,1% de votos se conseguiría un diputado.

Por otro lado, llevando al extremo la austeridad, cerramos el Congreso y el Senado, en este segundo caso no se notaría gran cosa, y gobernamos a golpe de decreto desde el gobierno. Así nos ahorramos toda la dotación económica destinada a las cámaras.

Voy a proponer una solución completamente distinta que cubre ambas posibilidades. En primer lugar, vamos a fijar dos conceptos, ¿cuántos parlamentarios son necesarios para llevar a cabo la tarea rutinaria, plenos, comisiones, etc.? Digamos que 100.
¿Cuántos parlamentarios serían necesarios para mejorar la proporcionalidad de los partidos minoritarios? Digamos que 500.

Entonces creemos la figura del voto parlamentario, en lugar del diputado. Para ello, los resultados de las elecciones los calculamos en función de 500 representantes con una ley electoral que no voy a discutir aquí. Pero en la realidad, sólo ocupamos 1 puesto en el parlamento por cada 5 obtenidos. Si un partido obtiene 200 votos parlamentarios, sólo acuden 40 diputados, si uno obtiene 10 sólo acuden 2. Para los partidos muy minoritarios se puede redondear al alza para que al menos tengan un representante si sólo han obtenido 2 ó 3 representantes.

A la hora de las votaciones es muy sencillo, en el fondo se haría lo mismo que se hace ahora, el jefe de cada grupo parlamentario vota y su voto vale por todos los votos parlamentarios que su grupo obtuvo en las elecciones. Por ejemplo, si el PP obtuvo 250 votos parlamentarios, tiene 50 parlamentarios -enorme ahorro para las arcas- y a la hora de votar, 1 sola persona de su grupo lo hace, por valor de 250 votos.

¿Qué perjuicio hay? Con la disciplina de voto imperante en todos los partidos, ¿para qué sirve que 350 señorías accionen a la vez el botón electrónico del voto, si dentro de cada partido todos votan lo mismo? Basta con que uno solo lo haga. Y para discutir y debatir en el parlamento, con 100 diputados en total nos basta, ahorramos en sueldos, dietas y gastos varios, y los ciudadanos más contentos por partida doble.

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Publicado el 27/02/2012 en Regeneración democrática y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. El problema que le veo a tu propuesta es que habria que cambiar la constitución y para eso nos cargamos las circunscripciones y nos quedamos con 250 diputados, por ejemplo, gran ahorro y mejor proprocionalidad.

    El segundo fallo que veo es el redondear hacia arriba los que tengan menos de 5 escaños, pues incita a dividirse en muchos partidos para tener más voz. Y si se redondea hacia abajo, estamos poniendo una barrera de entrada y mutiplicando por 5 a los que la pasan, que no tendria sentido.

    Por último se me ocurra una idea, que podria conociliar ahorro y proporción. Que haya unos asesores por oposición ,que cobren del estado (unos 100 por ejemplo) y que los diputados, ya sean 500 o 1000 no cobren sueldo público sino en todo caso de su partido. Su mision seria muy simple, solamente votar y encargar a los funcionarios reformas de las leyes.

  2. A ver Villuela, el artículo pretendía hacer ver, cómo por la disciplina de voto y la estructura de los partidos, nos sobran una buena parte de los diputados. Y como muchas veces se propone aumentar su número para mejorar la proporcionalidad, esto agrava el primer problema. Este artículo no intentaba ser una propuesta de sistema electoral, sólo una reflexión sobre ese asunto. Los grandes partidos no tienen ninguna intención de modificar las circunscripciones provinciales, pero como van a cambiar la constitución, por la reforma del Senado, y por el voto exiliado vasco, podrían aumentar a 500 los diputados. Ahora bien si tú consigues convencer al PP que haga una única circunscripción nacional y 250 diputados yo acepto.
    Mi idea es 1 diputado equivalente a 5 votos parlamentarios. Si un partido minoritario tuviera 3 votos parlamentarios, le otorgaríamos un diputado, porque no puede asistir a las sesiones y comisiones 2/3 de un cuerpo humano, pero su voto valdría justamente los que obtuvo, 3. No ha lugar a componendas entre pequeños partidos.
    Respecto a la tercera opción yo había pensado algo diferente, que los diputados, al ser menos, requerirían ayuda de funcionarios para preparar su labor legislativa. Pero lógicamente estos funcionarios cobran menos que los diputados y no tendrían dietas porque vivirían en Madrid. Pero no me parece mal lo que tú propones.
    Last but not least. ¿Ha encendido tu curiosidad algo de lo expuesto en el artículo o te parece un sinsentido? Gracias.

  3. Yo, aparte de las reformas obvias de la Constitución como la del incremento del número de votos. También vería necesario un cambio en la “prohibición del mandato imperativo” que no es ni más ni menos que los diputados no están obligados a seguir las órdenes de partido ni cosas por el estilo, es decir, pueden rebotarse a su propio partido. Cierto es que rara vez pasa, porque sabes que como lo hagas en un asunto de vital importancia olvídate de volver a entrar como diputado en las próximas elecciones.

    Por lo que cabría eliminar esa prohibición, aunque teóricamente supondría un recorte de derechos de un calibre inimaginable, en la práctica el daño sería tan leve que no creo que sea un problema.

    No está mal esta opción. Claro, veo el problema que dice Villuela, habría que cuadrar el tema de lo de “multiplicar x5”, a lo tonto podría hasta suponer que tengan que haber 750 diputados aunque en realidad solo participen 100.

    Podría corregirte eso de otra forma. Cada partido forma un grupo parlamentario. Se les pone un suelo para evitar que partidos con 4 gatos entren al Congreso. Cada grupo parlamenterio, vamos, cada partido, en el que solo cobrará sueldo público una persona (sin contar los miembros del Gobierno), cada partido tendrá 1 voto, y el voto será ponderado, si su partido consiguió el 40% de los votos válidos, su voto vale un 40% sobre el total.

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