Archivos Mensuales: marzo 2012

“La masacre en Afganistán no fue locura”, por Robert Fisk

Navegando por los foros de política de Meristation, he encontrado este interesante artículo sobre la masacre provocada por un soldado estadounidense que tuvo lugar hace pocos días en Afganistán. Un punto de vista que nos hace reflexionar sobre las versiones que nos llegan ya masticadas para que podamos consumir sin atragantarnos, que nos muestra cuál es la realidad que subyace detrás de todo esto. Un caso más en el que los “buenos” hacen de “malos” y viceversa. O no. Quizás, al fin y al cabo, puede que no haya ni buenos ni malos.

Artículo de Robert Fisk para  © The Independent, tomado de La Jornada. Traducido por Jorge Anaya.

Empieza a cansarme este cuento del soldado demente. Era predecible, por supuesto. No bien el sargento de 38 años que masacró el domingo pasado a 16 civiles afganos, entre ellos nueve niños, cerca de Kandahar, regresó a su base, ya los expertos en defensa y los chicos y chicas de los centros de pensamiento anunciaban que había enloquecido. No era un perverso terrorista sin entrañas -como sería, desde luego, si hubiera sido afgano, en especial talibán-, sino sólo un tipo que se volvió loco.

Esa misma tontería se usó para describir a los soldados estadunidenses homicidas que perpetraron una orgía de sangre en la ciudad iraquí de Haditha. Con la misma palabra se describió al soldado israelí Baruch Goldstein, quien masacró a 25 palestinos en Hebrón, algo que hice notar en este mismo periódico apenas unas horas antes de que el sargento enloqueciera de pronto en la provincia de Kandahar.

Al parecer enloqueció, anunciaron periodistas. Un hombre “que probablemente había sufrido algún colapso (The Guardian)”, un soldado rufián (Financial Times) cuyo disturbio (The New York Times) fue sin duda (sic) perpetrado en un rapto de locura (Le Figaro).

¿De veras? ¿Se supone que creamos eso? Claro, si hubiera estado loco por completo, nuestro sargento habría matado a 16 de sus compañeros estadounidenses. Habría asesinado a sus camaradas y después prendido fuego a los cuerpos. Pero no, no mató a estadounidenses; escogió matar a afganos. Hubo una elección. ¿Por qué, entonces, mató a afganos?

Existe una pista interesante en todo esto, la cual no hubiera aparecido en los informes de los medios. De hecho, la narración de los hechos ha sido curiosamente lobotomizada -censurada, incluso- por quienes han tratado de explicar la atroz masacre en Kandahar. Recordaron la quema de ejemplares del Corán -cuando soldados estadunidenses en Bagram los arrojaron a una hoguera- y las muertes de seis soldados de la OTAN, dos de ellos estadounidenses, que vinieron después. Pero vuélenme en pedazos si no olvidaron -y esto se aplica a todas las notas informativas sobre la reciente matanza- una declaración notable y sumamente significativa del comandante en jefe del ejército estadounidense en Afganistán, el general John Allen, hace exactamente 22 días. De hecho, fue una declaración tan inusitada que recorté las palabras en mi periódico matutino y puse el recorte en mi maletín para referencia futura.

Allen dijo a sus hombres: Ésta no es la hora de la venganza por las muertes de los soldados estadounidenses muertos en los disturbios del jueves. Les advirtió que debían resistir cualquier urgencia que sientan de devolver el golpe, luego de que un soldado afgano dio muerte a los dos estadounidenses. “Habrá momentos como éste en que estarán ustedes buscando el significado de estas muertes -continuó-. Momentos como éste, en que sus emociones serán gobernadas por la rabia y el deseo de desquite. Ésta no es la hora de la venganza; es la hora de mirar al fondo de su alma, de recordar su misión, recordar su disciplina, recordar quiénes son ustedes.”

Fue un llamado extraordinario, viniendo del comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistán. El general se vio precisado a decir a su ejército, supuestamente bien disciplinado, profesional, de élite, que no cobrara venganza en los afganos a los que supuestamente está ayudando/protegiendo/educando/adiestrando, etc. Tuvo que decir a sus soldados que no cometieran asesinatos.

Sé que los generales decían esas cosas en Vietnam. Pero, ¿en Afganistán? ¿Han llegado las cosas a ese extremo? Me temo que sí. Porque, por mucho que me disgustan los generales, he tratado con muchos de ellos en persona y, en general, tienen una idea bastante acertada de lo que ocurre en sus filas. Y sospecho que el general John Allen ya había sido advertido por sus oficiales de que sus soldados estaban furiosos por las muertes que vinieron después de la quema de los ejemplares del Corán y tal vez habían decidido emprender una escalada de venganza. Por eso trató de un modo tan desesperado -en una declaración tan impactante como reveladora- de prevenir una masacre exactamente como la que ocurrió el domingo pasado.

Sin embargo, ese mensaje fue borrado por completo de la memoria de los expertos cuando analizaron esa matanza. No se permitió en sus relatos ninguna alusión a las palabras del general Allen, ninguna referencia, porque, desde luego, eso habría sacado a nuestro sargento del grupo de los enloquecidos y le habría dado un posible motivo para la masacre. Como de costumbre, los periodistas tuvieron que meterse a la cama con los militares para procrear un demente y no un asesino. Pobre tipo: andaba mal de la cabeza. No sabía lo que hacía. No es extraño que lo hayan sacado de Afganistán tan rápido.

Todos hemos tenido nuestras masacres. Ahí está My Lai, y nuestro propio My Lai británico, en una aldea malaya llamada Batang Kali, donde los guardias escoceses -envueltos en un conflicto contra despiadados insurgentes comunistas- asesinaron a 24 indefensos trabajadores del hule, en 1948. Claro, se puede aducir que los franceses en Argelia fueron peores que los estadounidenses en Afganistán -se dice que una unidad francesa de artillería desapareció a 2 mil argelinos en seis meses-, pero eso es tanto como decir que somos mejores que Saddam Hussein. Cierto, pero vaya parámetro de moralidad.

De eso se trata todo esto. Disciplina. Moralidad. Valor. El valor de no matar en venganza. Pero cuando uno va perdiendo una guerra que finge estar ganando -me refiero a Afganistán, por supuesto-, supongo que eso es esperar demasiado. Parece que el general Allen perdió su tiempo.

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¿Cómo sofocar la violencia?

Aunque parezca una pregunta filosófica y abstracta no lo es, es una pregunta sobre una situación muy concreta que hemos visto demasiadas veces: la violencia entre el gobierno y el pueblo.

Cuando se produce un foco de violencia en un estado democrático y con un respeto casi total hacia los más esenciales derechos humanos, no suele haber mucha duda, la solución es que el estado de derecho restablezca la paz con la participación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Es decir, traducido a lenguaje vulgar, el gobierno envía a la policía a enfrentarse a los delincuentes y los neutraliza aplicando su fuerza contra la de éstos.

La duda aparece cuando el estado es quien inicia una sucesión de acciones violentas inaceptables (disparar a manifestantes, bombardear ciudades, torturar detenidos, rematar heridos…).

En semejante caso, ¿qué debemos hacer los demás, que observamos desde fuera, para detener la barbarie? ¿Debemos enviar a nuestros ejércitos nacionales a combatir al estado opresor? ¿Debemos dejar de mirar? ¿Debemos interrumpir nuestro comercio con semejante estado? ¿Debemos impedir cualquier tipo de comercio del estado que lesiona los derechos humanos con terceros bloqueando sus fronteras?

La solución más ingenua para evitar estas situaciones en el futuro consiste en crear un ejército mundial, al servicio de algún ente global que decida sobre estas cuestiones y se enfrente a los agresores. Lo más parecido ahora mismo es la ONU, que vela por la “paz internacional” o status quo, una organización poco democrática tanto en su composición (incluye dictaduras) como en su funcionamiento (para tomar cualquier decisión hay que vencer los vetos de 5 naciones, entre ellas una dictadura clara y una democracia dudosa). Por tanto, la creación de un ejército mundial es una propuesta ingenua porque jamás podrá crearse un ente global que vele por los derechos humanos, debido a que las dictaduras no se unirían nunca a este proyecto que podría derrocarlas. Es decir, deberían desaparecer primero las dictaduras para que pueda haber una organización global que vele por la democracia, la libertad y los derechos humanos en general.

Una alternativa a esta Organización de Naciones Unidas sería la formación de un grupo internacional, pero no global, de democracias a partir de la unión de OTAN, ANZUS, OTASE… que tuviera un funcionamiento más justo y cabal sustituyendo el veto por mayoría reforzada. Ésta era una de las propuestas de John McCain, candidato republicano a la presidencia de EEUU, enterrada tras su derrota en las elecciones. Se entiende que esta organización se autoproclamaría legítima para decidir la intervención militar en cualquier estado al aglutinar a todos los países del mundo en los que la soberanía reside en el pueblo e ignorar aquéllos en los que la soberanía reside en el dictador.

Sin embargo y hasta que esto ocurra, ¿cómo resolvemos la violencia en, por ejemplo, Siria? Mi opinión es que todos deben enviar tropas siempre que sea posible a defender al pueblo que está siendo literalmente masacrado por su dictador, pero sé que mi postura no es aceptada por todos.

¿No habéis oído a la gente quejarse de que no se hace nada por impedir la violencia? ¿Y no habéis oído también a la gente maldecir a las naciones que combaten las dictaduras? Yo he oído lo primero en el caso sirio y ruandés, lo segundo en el caso irakí y vietnamita, e incluso lo primero durante un tiempo y lo segundo despues, en el caso de Libia y Bosnia. No comprendo por qué se critica a algunas naciones por no intervenir y también por intervenir, como si no hubiera opción válida.

En lo único en que todos estamos de acuerdo es en que no se debe comerciar con regímenes que lesionen los derechos humanos, sobre todo si lo hace de forma ascendente. Pero, ¿podemos bloquear las fronteras para que no se pueda comerciar con gente menos humanitaria? ¿Podemos hacerlo aún si la ONU no está de acuerdo debido a los vetos de Rusia y/o China? ¿Podemos entrar en casa del vecino para que éste deje de pegar a sus hijos? ¿O debemos limitarnos a observar?

Cada uno responderá como quiera a estas preguntas, en base a su propia ética, lo único que pido es que la elección sea coherente.

Respondiendo a Alberto Garzón (IU)

Alberto Garzón, parlamentario por Izquierda Unida, ha incluido una entrada en su blog en la que burdamente trata de identificar a UPyD con la extrema derecha.

Me parece completamente insultante el artículo. Primero, porque es un completo insulto a la inteligencia de los lectores. Segundo, porque es un claro ejemplo sobre cómo manipular y mentir. Y tercero, porque es un grave insulto a los miembros de UPyD y a sus votantes. Se nota que hay campaña electoral y hay que sacar la artillería pesada, pero tengan cuidado, señores de IU, de que la gente no se dé cuenta de lo que están haciendo, porque se les puede volver contra ustedes.

UPyD no gusta a su partido, Izquierda Unida, porque propone cosas lógicas, medidas coherentes para tratar de mover el statu quo que nos ha llevado a la situación actual. Algo parecido a lo que, bajo su punto de vista, pueda hacer IU, marcado por los viejos patrones izquierda-derecha. Por eso, como ven a UPyD un peligro que les puede robar fácilmente mucha parte de su electorado, pretenden pegarle una patada para enviarlo lo más lejos posible del espectro ideológico. De extrema izquierda a extrema derecha. Evitar el posible solapamiento.

Pues no, señores de IU, no cuela. Se les ve el plumero. La gente no es tonta, y con esta estrategia sólo conseguirán engañar a un pequeño puñado de ignorantes desinformados.

“Otras propuestas, sin embargo, les delatan: cuando UPyD habla de racionalizar el gasto público superfluo, y en especial cuando propone establecer límites al déficit público, asume partes fundamentales del programa político de la derecha más radical.”

O sea, ¿que decir que no se gaste el dinero público en cosas completamente inútiles es de ser derecha radical? ¿Pero estamos locos o qué? Ahora yo seré un derechoso radical por decir que las subvenciones al cine hay que redistribuirlas para que no se las queden los amigos del gobierno de turno, productoras sin ningún ánimo de crear películas y que existen sólo para las subvenciones. Ahora yo seré un derechoso radical por opinar que se han creado centenares de instituciones públicas que no sirven para nada con el único ánimo de enchufar a la gente del partido en ellas y así tenerla ocupada. Racionalizar significa racionalizar. No suprimir. Hacer las cosas desde un punto de vista racional y distribuir el dinero público de forma justa. Si eso es ser un derechoso radical, apaga y vámonos. ¿Qué proponen ustedes? ¿Barra libre para todos y otorgar dinero a mansalva sin preocuparse de quién lo recibe y qué hace con él?

Sobre lo del centralismo, estamos otra vez en lo mismo. A ver si se enteran de una vez. UPyD defiende un estado federal. Estado federal no es igual a Estado centralista. No sé si realmente es porque no se enteran de la película o porque les da igual todo y por lo tanto deciden pasar a la mentira y la manipulación directamente. Infórmese o deje de mentir (elija la opción que sea su caso).

Tras dejarle un comentario en el blog del señor Garzón -básicamente esta entrada escrita de manera más informal- se lo he comentado por Twitter en @agarzon. Me ha contestado lo siguiente:

Tienes otros artículos en el blog donde está más que explicado. Renunciar al eje ideológico fue la técnica del falangismo.

Yo le he contestado como he podido debido al escaso número de caracteres que permite Twitter:

¿Y? Matar a millones de personas también fue una técnica del comunismo y no por ello voy diciendo que IU es un partido genocida.

Poco espacio para debatir al respecto. Sin embargo, no me gustaría dejar de recomendar tanto a Alberto Garzón como a todos aquellos que defienden esas posturas tan insensatas, que se lean el siguiente artículo de la wikipedia y que reflexionen un poco: http://en.wikipedia.org/wiki/Reductio_ad_Hitlerum

Resumiendo la entrada de la Wikipedia: Reductio ad Hitlerum es una falacia de la forma “Adolf Hitler o el Partido Nazi apoyaban X; por lo tanto X debe ser malo”.

Por último, añadir, antes de que vayan a por mí, que no soy miembro de UPyD. Sólo soy una persona normal, que estuvo en las manifestaciones del 15-M en mi ciudad, que trata de informarse de todos los partidos políticos antes de ir a votar, y que incluso votó a IU en las últimas municipales, debido a que no se presentaba UPyD. Pero visto lo visto, no sé si debería hacerlo más, ya que creía que de lo que se trataba era de combatir el statu quo PPSOE realizando propuestas desde el sentido común, y tras leer este artículo me he decepcionado bastante tras comprobar la ausencia de éste en algunas personas de IU.

Si de verdad tienen ustedes la necesidad de llamar “populistas” a UPyD, desde luego me parecería muy paradójico porque desde IU también se lanzan propuestas parecidas a algunas propuestas de UPyD, como la reforma de la ley electoral. Para más inri, IU ha recibido muchas veces el calificativo de populista por parte del PPSOE. Que el PPSOE diga que UPyD es populista es normal, porque para ellos eso de escuchar lo que quiere el pueblo puede sonar a extraterrestre. Pero que lo diga IU es realmente triste, demagógico, incoherente y contradictorio.

Completamente decepcionado con ustedes.

De Saragossa y Gerona

Unión, Progreso y Democracia (UPyD) ha presentado una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados con la que busca recuperar los topónimos en castellano de regiones bilingües en España, muchos de los cuales han sido eliminados por ley. Dicha propuesta no pretende sustituirlos por los nombres en castellano, sino que pretende que ambos sean oficiales -según la lengua en la que se esté hablando-, al contrario de lo que sucede en la actualidad, en la que diversas leyes han dejado como única forma oficial la forma toponímica en lengua cooficial.

Recordemos que en la pasada legislatura, presidida por José Luis Rodríguez Zapatero, el PNV obligó al Gobierno -como condición indispensable para que el PNV apoyase los presupuestos- a aceptar como únicas en las provincias vascas las formas toponímicas en euskera. Así, oficialmente, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava han pasado a llamarse, respectivamente, Gipuzkoa, Bizkaia y Araba/Álava (la única que ha conservado la forma toponímica castellana junto a la vasca).

Otras leyes en otras autonomías han hecho que diversos topónimos en castellano hayan dejado de ser oficiales en favor únicamente de sus equivalentes en lengua cooficial. Esto ha tenido una implicación inmediata, y es que en documentos oficiales, aunque el texto esté en castellano, el topónimo está en lengua cooficial. E igualmente en su momento se cambiaron todos los carteles de tráfico del país para cambiar muchos topónimos en castellano por su equivalente en lengua cooficial, y esto sucedió en toda España, no sólo en regiones bilingües. Así, uno puede circular en la Comunidad de Madrid por la A-6 que no encontrará ni un solo cartel que ponga La Coruña, en todos pone A Coruña, el correspondiente topónimo en gallego.

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Internautas al borde de un ataque de nervios

Ha habido mucha polémica generada a raíz de la guerra abierta entre internautas y grandes distribuidoras que hemos podido ver escenificada en las últimas galas de los Goyas. Ciudadanos anonymous tratando de hacerse oír por todos los medios, ya sea mediante manifestaciones saboteadas por las fuerzas policiales en los aledaños del evento o incluso con espontáneos saltando al ruedo en plena gala bajo la máscara de Guy Fawkes. Unos reclaman la libre circulación de la cultura a través de Internet, mientras otros exigen un mayor control de la red para conseguir que los ciudadanos consumamos sus productos prefabricados. Habría que preguntarse qué es a lo que tienen más miedo, si a que los internautas dejen de comprar esos productos o que éstos puedan llegar a descubrir otros de menor presupuesto pero de mayor calidad.

El cadáver de Megaupload aún está caliente, y habría que preguntarse realmente los motivos de esta ejecución. Los oficiales están claros: almacenaban en sus servidores archivos que contenían obras con contenido protegido. Kim Dotcom y su equipo se estaban lucrando con Megaupload gracias mayormente a contenido con copyright, algo que personalmente me resultaba reprobable, siempre he sido más partidario de redes de interconexión directa entre usuarios (P2P). Sin embargo, han aparecido rumores en la red de los verdaderos motivos de este cierre. Según se cuenta, se pretendía sacar a la luz un proyecto que podía asestar un verdadero golpe al status quo de las productoras. Consistía en servidores en los que los artistas podrían subir sus creaciones a cambio de llevarse el 90% de los ingresos generados a través de publicidad o de cuentas de pago. Obviamente la todopoderosa maquinaria industrial audiovisual americana, enquistada aún en su caduco modelo de negocio, no podía permitirlo porque les dejaban completamente en fuera de juego. A pesar de ello, cada vez es más evidente que el modelo de negocio al que se tendrán que adaptar, quieran o no quieran, será a uno parecido al que intentaba lanzar Kim Dotcom o los que ya existen como el musical Spotify.

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