Archivos Mensuales: junio 2012

¿Especuladores o políticos?

O “de cómo tirar balones fuera”.

De un tiempo a esta parte, la prensa española ha venido haciéndose eco de las consignas repetidas y repetidas por los partidos políticos sobre la especulación que se produce sobre la deuda española. Por ejemplo, ABC afirmaba la existencia de ataques especuladores contra nuestra economía, y anunciaba hace un par de meses que De Guindos contactaba con Mario Draghi para tratar de luchar contra esta especulación. De Guindos ha llegado a afirmar recientemente que “está convencido de que la penalización en los mercados que estamos sufriendo hoy no se corresponde con los esfuerzos ni con la potencialidad de la economía española“, como si fuera algo fruto de una suerte de conspiración y no se correspondiera con la realidad. Por su parte, el PSOE ha optado por defender también que existe una combinación de ataques especuladores y una concurrente pasividad del BCE, que permite que esto pase. Así, Rubalcaba salió defendiendo también esta postura del enemigo exterior, donde el gobierno de España y la casta política española no tienen la culpa de lo que está pasando, porque se debe a un ataque especulador que no se corresponde con la realidad, y donde quien debería evitar esta situación es el BCE. Pero, ¿este conjunto de afirmaciones refleja la realidad? Cabe preguntarse: ¿nuestros problemas provienen de la especulación?

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Tiempos difíciles para la Corona

Ante los últimos sucesos, la Corona Española ha estado en el centro de muchas miradas y el halo de intangibilidad y sobreprotección ha desaparecido para siempre. Durante el último año se han sucedido multitud de hechos que han puesto a la Familia Real en el ojo del huracán.

Uno de los casos más rimbombantes, y que han despertado las iras popular y mediática, ha sido el tema de las supuestas operaciones fraudulentas de Iñaki Urdangarín mediante su participación en Nóos y Aizoon, donde posiblemente se lucró incluso utilizando fundaciones de niños discapacitados como tapadera y numerosas cuentas en paraísos fiscales tales como Suiza e Islas Caimán. A pesar de las advertencias de la Casa del Rey para que dejase dicha actividad primero y de haberse trasladado a Washington después, mantuvo contactos con su socio Diego Torres y, según parece, el propio Rey siguió esporádicamente ayudando a su yerno en la consecución de varios contratos que terminaron en nuevos desvíos de dinero a sus cuentas. Además, las sospechas sobre la participación de su esposa, la infanta Cristina, también han circulado en corrillos periodísticos y en el ambiente judicial. El pseudosindicato Manos Limpias quiso encausarla y, tras varios episodios de lo más surrealistas —como el llamar a declarar o no a la esposa de Torres, o el intento de evitar la cárcel devolviendo una parte de lo defraudado—, las dudas sobre si la Duquesa de Palma sabía qué firmaba y qué se acordaba en las reuniones de la fundación siguen vigentes.

El accidente de escopeta de Froilán, primer nieto de Juan Carlos I, reveló que hubo una negligencia por parte de su padre a la hora de dejar usar a su propio hijo un arma prohibida para chicos de su edad. Aparte de las apreciaciones éticas que tengamos sobre la actividad cinegética y la poca gravedad de la herida, el delito parece que no va a juzgarse. Tiempo después ya no se escucha  si los juzgados de Soria siguen adelante en sus investigaciones, o si la posibilidad de multa ha sido descartada y olvidada. La personalidad de Froilán es una cosa que puede arreglarse con educación y normas de comportamiento, pero la negligencia de  Jaime de Marichalar es algo que no ha de dejarse sin más. Tampoco las actitudes altaneras de las infantas Pilar y Elena ayudan a conciliar a la población con la Familia Real, ni indican reflexión por parte de ésta.

Pero todo lo anterior queda eclipsado en gran parte por el accidente del Monarca en Botsuana cuando estaba de cacería de elefantes, acto ya de por sí rechazado por muchos españoles. Saliendo del país sin que apenas tuviesen constancia los miembros del Gobierno para ir a matar elefantes, hizo despertar la ira dormida de los ciudadanos. Importó poco que todo fuese sufragado por su contacto con la casa saudí Eyad Kayali: el Rey salió a darse un lujo cuando el paro y la crisis están golpeando a España con gran intensidad. Esa semana se olvidó de lo mucho que le preocupaba el paro juvenil y fue a Botsuana a disfrutar de una de sus aficiones. Si no hubiese acaecido el accidente de cadera nadie se habría enterado. Y, por si fuera poco, se reveló que estaba con su gran amiga Corinna Larsen (también conocida por su apellido de casada, Zu-Sayn Wittgenstein), representante personal del Rey con otras casas reales desde hace años y, según Pilar Eyre, su amante desde 2006. La tardanza de la Reina en acudir al hospital por no adelantar su regreso de Grecia, su fugaz visita y la inexistencia de celebración de sus bodas de oro indican que el matrimonio parece que lleva tiempo roto. Seguramente hubo mucho debate y análisis en la habitación del hospital, concretado en las sorprendentes disculpas de Juan Carlos I, inmediatamente aceptadas por la mayoría de la población. Pero esto no basta por sí solo, y la ínfima reducción del presupuesto para la Casa del Rey (2%) y la negativa del Gobierno de incluirla en la Ley de Transparencia han echado más leña al fuego.

La Corona está en sus horas más bajas de popularidad y en la final de la Copa del Rey se demostró que hay un descontento generalizado. Quizás para contrarrestarlo, la actividad del príncipe Felipe ha aumentado vertiginosamente, y el propio Rey ha encabezado una delegación empresarial por Latinoamérica para poder concretar algún contrato importante tras las últimas acciones de Argentina y Bolivia. Puede que sea necesaria una renovación completa en la institución, comenzando por la creación del tan ansiado Estatuto de la Corona y terminando con una abdicación. Una renovación que implique además más transparencia y más contacto con la ciudadanía. Todo esto puede ayudar, pero también se hace necesario que se baraje la posibilidad de llevar a cabo un referéndum, donde la poco consultada población española diga si sigue manteniendo su confianza en la monarquía o si está dispuesta a cambiar sus simpatías por una propuesta republicana.

La corriente cyberpunk

Cyberpunk

¿Qué es el cyberpunk? Ésta tendría que ser la primera pregunta antes de comenzar a profundizar en todo lo relacionado con este concepto. Como fácilmente se puede deducir, el término «cyberpunk» está constituido por dos elementos diferenciados: «cyber» y «punk». Pues bien, para entender el cyberpunk en su totalidad primero hay que comprender qué  implican estos dos subtérminos que forman esta palabra.

Por un lado tenemos «cyber», que proviene del concepto de cibernética, la ciencia que trata de relacionar la teoría de sistemas y la teoría de control. Este término surge en 1948 a partir del padre de la cibernética, Norbert Weiner [1], y se asocia usualmente con procesos informatizados de robótica.

El segundo segmento de cyberpunk, «punk», lo relacionaríamos con cierto tipo de música alternativa, gente con extrañas vestimentas, etc. En efecto, el punk es un movimiento social contracultural surgido en torno a este estilo musical en los años 70 y 80. Pero, ¿está relacionada esta música con el cyberpunk? Realmente no, simplemente toma la esencia del punk como movimiento contracultural, aunque bien es cierto que en ocasiones coge prestados elementos visuales de éste.

Una vez aclarados estos conceptos de base, avanzamos hacia una definición global del término. Podemos establecer los años 80 como origen de esta corriente. El término apareció acuñado por primera vez como título de una pequeña historia escrita por Bruce Bethke en la revista Amazing, volumen 57, número 4 (4-11-1983) [2]. El cyberpunk se engloba como un subgénero de la ciencia-ficción, que trata de dar una visión oscura y pesimista sobre futuros cercanos en relación a la tecnología. Quizás una visión tecnofóbica como la que ya tenía Mumford sobre lo que provocó el cambio tecnológico en la Edad Media en Occidente. Una visión en la que se ven estos posibles avances como negativos para la sociedad, en el sentido de que cambiarían de manera drástica el orden de las interacciones sociales entre humanos. Una visión, heredada del antiautoritarismo punk, que ve estos avances como herramientas de control por parte de una clase dominante —ya sea en forma de gobiernos o de macrocorporaciones— hacia la sociedad en general. También tiene una vertiente preocupada ante la robótica, que trata la inclusión en sociedad de entes robóticos autónomos o, por qué no, entes híbridos medio humanos y medio robots (conocidos como cyborgs) ya sea de forma controlada o invasiva. Yendo más allá, incluso el traslado de un humano hacia formas de vida extracorpóreas. La perdida de la condición humana, dilemas sobre dónde reside nuestro yo realmente son temas relacionados con la temática cyborg.

Fotograma de la película Blade Runner

Toda esta corriente contracultural surgiría ante la sensación por parte de algunos de estar a las puertas de una nueva época que revolucionaría el concepto de vida tal y como lo conocemos. Avances importantes en ciencias como la biotecnología, la ingeniería genética y la nanotecnología nos acercarían cada día más a esta visión cyberpunk del futuro. De hecho, el proceso ya ha comenzado, casi sin darnos cuenta. Aunque no solamos pararnos a pensar al respecto, ya tenemos cyborgs entre nosotros. La ciencia actual ya permite la inclusión de elementos que no forman parte de la naturaleza humana dentro de la fisionomía de las personas. Por ejemplo, las operaciones que implican la implantación de un marcapasos a un enfermo de corazón, la colocación de lentes artificiales dentro del ojo para mejorar la visión del individuo, o las operaciones de estética. Cosas impensables hace un tiempo pero que hoy son una realidad. Por lo tanto, ¿qué cantidad de cosas inconcebibles para la mente del hombre de principios del siglo XXI nos puede deparar el futuro? La misma reflexión es extrapolable a los cyberespacios:  espacios simulados sobre los que los humanos podríamos interactuar, ya sea con otros humanos o con entes totalmente artificiales. Más fácil de imaginar gracias a los videojuegos actuales.

Podríamos resumir el pensamiento cyberpunk como la visión de un futuro no muy lejano, en el que tendríamos grandes avances tecnológicos pero bajos niveles de vida. De ahí esa representación ultrarrealista, sucia y lúgubre, retratando la vida marginal que suele envolver a las manifestaciones artísticas de la corriente.

Muchos verán esta filosofía cyberpunk como algo totalmente lejano, demasiado estrambótico e irreal. Difícil de imaginar para la sociedad actual. Sin embargo, puede que estemos mucho más cerca de esa realidad de lo que mucha gente piensa. Por ejemplo, el tema del control de las nuevas tecnologías. Mediante Internet, se ha intentado desde siempre crear un espacio abierto y de libre expresión más allá del control de cualquier organismo gubernamental. No obstante, cada día hay más pistas de que en un futuro puede no ser así. Desde los estamentos más poderosos que mueven el mundo se están dando cuenta de que está conexión entre personas a través de las redes podría ser gravemente perjudicial para sus intereses, y es obvio que van a tomar las medidas necesarias para comenzar a controlar las redes. El ejemplo lo tenemos en China, donde los ciudadanos son vigilados para que no utilicen Internet con fines no deseables para el gobierno de su nación. ¿Sería impensable un futuro en el que la Red estuviera controlada por organismos que pudieran censurar y utilizar estos medios a su antojo?

Ley Sinde-Wert. ¿Un principio para controlar y censurar la red?

Por otra parte, tenemos el tema de la robótica. Hoy en día ya están saliendo los primeros avances para controlar con la mente artefactos externos al cuerpo humano, como puede ser una silla de ruedas o un arma. ¿Sería acaso también difícil de imaginar un futuro cercano con personas con un alto porcentaje no humano? ¿Se utilizarían con fines loables tales como la reparación de miembros vitales dañados (médulas, piernas, ojos) o se iría más allá y se intentaría potenciar el cuerpo humano más allá de las capacidades normales? Pararse a pensar sobre posibles aplicaciones militares podría ser escalofriante.

En conclusión, el género cyberpunk puede que nos esté avisando de qué es lo que nos puede esperar si la humanidad no anda con cuidado en los avances que nos traerá el futuro próximamente. Quién sabe si alguna de las “profecías” que se plasma en el celuloide puede llegar a convertirse en realidad.

Extracto del trabajo “El cyberpunk como movimiento y su relación con el mundo del cine” realizado para la asignatura Aspectos Socioprofesionales y Éticos de la Informática de la Universidad Jaume I.
[1] PFOHL, S. (1997): «The Cybernetic Delirium of Norbert Wiener» en KROKER, A. y MARILOUISE KROKER (eds.):  Digitial Delirium, St. Martin’s Press, New York, y New World Perspectives, Montreal.
[2] THE CYBERPUNK PROJECT. The cyberpunk project [en línea]. Disponible en web http://project.cyberpunk.ru/. [Consulta 10 de Octubre de 2011]
[3] FEATHERSTONE, M. y ROGER BURROWS (1995): «Cultures of Technological Embodiment: An Introduction» en FEATHERSTONE, M. y ROGER BURROWS (eds.): Cyberspace/cyberbodies/cyberpunk: cultures of technological embodiment, Sage Publications, London, Thousand Oaks, New Delhi.