Archivos Mensuales: enero 2014

Abstención: la legitimación por omisión

Últimamente leo a mucha gente decir aquello de que las encuestas vaticinan una altísima abstención, que, por otra parte, ya fue alta en 2011, y que esto “por fin” deslegitimaría a la clase dirigente. Y yo les miro con escepticismo y me pregunto: ¿por qué una alta abstención -digamos, incluso, de un 90%- tiene por qué deslegitimarles? Pongo en duda que deslegitimar a un gobierno vaya a traer mejoras democráticas porque el PP, por ejemplo, ha cometido la máxima deslegitimación al saltarse a la torera todo su programa -y si hasta en Intereconomía lo dijeron…- y ya vemos que esa deslegitimación ni mucho menos les ha impedido seguir actuando con plenos poderes y total descaro. Resulta evidente que la legitimidad, en el sentido de un apoyo de la ciudadanía a sus actuaciones, a nuestros gobernantes poco o nada les ha venido importando, principalmente porque no hemos hecho que les importe traicionarnos, no ha habido verdaderas represalias políticas, sino turnismo puro y duro. Así que pongo en duda la utilidad de tirar nuestra principal baza de cambiar las cosas de forma pacífica, el voto, a la basura, tratando de conseguir una deslegitimación que no les hace ninguna mella. Al fin y al cabo, creer que con la deslegitimación por abstencionismo vendrá una mejor política es creer que causaría sonrojo a alguno de nuestros gobernantes el ponerlos frente a sus actos mezquinos; ¡pero si a ojos vista carecen de vergüenza alguna!

Lo dicho, no sólo no creo que deslegitimarles sirva de nada sino que, además, ni siquiera estoy de acuerdo con que el abstencionismo sirva para restar legitimidad al gobierno de turno. El abstencionismo no les deslegitima; en todo caso, no les da legitimad, lo cual es un matiz fundamental. No es lo mismo no apoyar que estar en contra, y es que la abstención es simplemente eso: no apoyar, pero no la manifestación de una oposición a las políticas llevadas a cabo y una falta de confianza en las alternativas políticas. Eso, en todo caso, lo sería el voto en blanco, que desde aquí invitaría a utilizar a todo aquel que pretenda un voto de castigo general, si no fuera porque la clase dirigente ha regulado un voto en blanco que, de facto, supone una abstención, ya que no resta representación a los partidos políticos, como propone, por cierto, Escaños en Blanco.

Alguno me dirá que me equivoco, y que la abstención sí puede significar “estoy en contra de todos los políticos”, porque hay gente que se abstiene de votar con esa intención. Le respondería que en el fuero interno del abstencionista puede hacerlo por lo que crea oportuno, ¡como si cree que una alta abstención traerá la paz mundial! Pero que a la hora de medir una conducta hay que atender a sus efectos previsibles y desde ahí interpretar si la acción es o no coherente con los objetivos. Y los efectos evidentes de la abstención son los siguientes: que el abstencionista crítico no participa en la elección de representantes, sino que deja que los demás los escojan. De esta manera, del conjunto de votantes se resta un crítico y se mantiene el mismo número de “conformistas”, de personas que están de acuerdo con los partidos y las políticas actuales. Es decir, la abstención facilita que las cosas sigan como están. ¿Es esto coherente con esa voluntad de cambio, con ese desacuerdo con lo actual? Evidentemente no. Abstenerse para cambiar las cosas es un error que sólo se comprende debido a la manipulación y a la falta de educación política que nuestros dirigentes han propiciado.

Debe entenderse que la abstención no es otra cosa que una omisión de decidir participar en la elección de representantes. Una suerte de “yo no elijo, así que, que elijan los demás por mí” porque, lo hagamos con la intención con que lo hagamos, ése es su efecto evidente, ya que no afecta al número de representantes que se escogen -es decir, aunque se abstenga el 50% de la población, el otro 50% elige, con sus votos, tantos representantes como si hubiera votado el 100%-. Si toleras que los demás escojan a los representantes del pueblo eres un responsable (indirecto, por supuesto) de a quién decidan escoger. Si estás en desacuerdo con lo que votan la mayoría de los actuales votantes, ¿qué sentido tiene que les des derecho a decidir por ti para que voten aquello a lo que te opones? Ésta es la paradoja del abstencionista crítico: que está en desacuerdo con lo que es votado por la mayoría y, sin embargo, da a esta mayoría, por omisión, capacidad de elegir por él.

¿A alguno se os ocurre que el colectivo homosexual se abstuviera en un referéndum sobre matrimonio homosexual a sabiendas de que dejarían la decisión en manos de los demás, entre los que se encuentran los homófobos? Pues esto mismo, sin darse cuenta de ello, hacen los abstencionistas cuando dejan la decisión en manos de los apesebrados y de los votantes que sostienen el sistema turnista español.

En definitiva, el abstencionista no dice con su voto “no me gusta ningún candidato” sino que, precisamente, no dice nada. Eso es la abstención: omitir la elección de una alternativa. Y si no se escoge ninguna alternativa, ¿no se legitima lo que ya hay?  ¿No es evidente esta legitimación por omisión?

Dicho todo esto sobre la abstención nos quedan dos opciones críticas: el voto minoritario o el voto en blanco; las dos, a priori, igual de válidas. Como resulta evidente que los dos pilares del bipartidismo se han ganado la retirada de nuestros votos de por vida ni haré hincapié en ello, sino que pasaré a estudiar estas dos alternativas. Lo primero es: ¿Hemos analizado todos los partidos que se presentan? Está bien que el abstencionista no crea que IU o UPyD son dignos de ser votados por una causa u otra pero, ¿conocen las propuestas y alternativas de toda la lista de partidos políticos que aún no han tenido representación política?

Votar a un partido que no tiene representación, para algunos, no tiene sentido porque es un voto “tirado”, ya que no se manifiesta en representación. Respondo: ¿Acaso la abstención o el voto en blanco se manifiestan en alguna representación? La respuesta es no con lo que, como mínimo, no es argumento para distinguir entre estas tres opciones.  Sus ventajas respecto de la abstención o el voto nulo son evidentes, incluso cuando no se traduce el voto en representación: es un voto de castigo claro que, además, permite saber qué opción ha elegido el votante crítico -por ejemplo, una enorme subida de PACMA no enviaría, ni mucho menos, el mismo mensaje que una subida hipotética de España 2000- y por tanto, permite que se manifieste la posición del votante. Pero, además, da fuerzas a estos partidos pequeños y motivación para continuar su labor política, lo cual es muy importante para el debate político, las nuevas ideas, impulsando el pluralismo político. Se me ocurren otras ventajas, pero son más subjetivas y discutibles, con lo cual las dejaré en el tintero.

Como comentario diré que si los abstencionistas críticos votaran habría muchos cambios en el panorama político español. Considerad que los abstencionistas actuales, mediante su voto, podrían cambiar España tan profundamente que si todos ellos decidieran votar en 2015 a un partido cualquiera que actualmente no tuviera representación podrían convertirlo en el partido en el gobierno. ¡Si eso no es tener poder para cambiar las cosas! Aun suponiendo que su voto se dividiera entre 4 o 5 candidaturas podrían sacar adelante 4 o 5 grupos parlamentarios con cierta facilidad.

Pasando a analizar el voto en blanco hay que decir que éste, por desgracia, en España no sirve para lo que debería: El voto en blanco se contabiliza como voto, con lo que, al aumentar el número de votos, se aumenta la barrera electoral de entrada, ya que se mide sobre porcentaje de votos. Por tanto, facilita que los partidos grandes reciban aún más representación y, aun cuando hubiera un 30% de voto en blanco, los escaños que corresponderían a estos votos no quedan vacíos, con lo cual igualmente se sienta en ellos un político de esos contra los que el voto en blanco crítico se dirige.

Ésta es una evidente trampa de nuestro sistema electoral; otra más, ya que el PP y el PSOE han creado un sistema hecho por y para ellos como partidos mayoritarios. Por suerte hay una manera de saltar este problema, que es votar a un partido que se compromete a dejar los escaños vacíos y no cobrar, que es lo más parecido a lo que debería suceder cuando hay bastantes votos en blanco como para que alcancen los necesarios para que les correspondan escaños. Este partido es Escaños en Blanco.

Por tanto, si te planteas la abstención, te rogaría, tras leer esto, que lo reconsideres y que optes por votar a un partido cercano a tus ideas. Sé que ponerse a ojear programas de minoritarios requiere cierto esfuerzo pero, ¡es tu mejor oportunidad de manifestar en qué crees! y, sólo si no encuentras ninguno que te agrade, te decidas por ejercer un voto en blanco crítico, evitando la trampa del voto en blanco ordinario, acudiendo al voto a Escaños en Blanco.

Nueva ley del aborto: ¿defensa del “nasciturus” o gallardonada?

Ante la futura reforma de la ley del aborto, repasemos las dos leyes que sobre este tema ha habido en democracia y analicemos la próxima ley que quiere aprobar el gobierno del Partido Popular:

Ley del aborto de 1985

La ley del aborto de 1985 despenalizaba la interrupción voluntaria del embarazo en tres supuestos:

  • Riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada (supuesto terapéutico).
  • Violación (supuesto criminológico).
  • Malformaciones o taras, físicas o psíquicas, en el feto (supuesto eugenésico).

De acuerdo con esta ley, bajo el supuesto criminológico se podía interrumpir el embarazo durante las primeras 12 semanas; bajo el supuesto eugenésico se podía abortar en las primeras 22 semanas; y se podía abortar en cualquier momento del embarazo en el caso terapéutico.

Ley del aborto de 2010

La ley del 2010 del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, vigente actualmente, da un plazo para poder abortar de manera completamente libre, sin ningún supuesto que alegar. Este plazo son las primeras 14 semanas de embarazo. Este plazo aumenta hasta la semana 22 en casos de grave riesgo para la vida o salud de la madre o el feto. A partir de la 22ª semana sólo se puede abortar en dos supuestos:

  • Anomalías en el feto incompatibles con la vida.
  • Detección en el feto de una enfermedad extremadamente grave e incurable.

En esta ley las menores de 16 a 18 años pueden abortar sin autorización paterna.

Nueva ley que quiere aprobar el Partido Popular

La modificación que quiere aprobar ahora el gobierno del Partido Popular es mucho más restrictiva que la de 1985 ya que elimina los plazos de la ley socialista y reduce los supuestos de la ley de 1985 a los siguientes:

  • Violación.
  • Riesgo físico para la madre.
  • Riesgo psíquico para la madre.

Además, para certificar el supuesto de riesgo psíquico, la madre deberá seguir, como mínimo, los siguientes pasos:

  • Comunicar al ginecólogo o al médico de cabecera que quiere abortar.
  • Dos psiquiatras deben dar el visto bueno al aborto (los dos tienen que estar de acuerdo en que el embarazo produce en ella un «menoscabo importante y duradero en el tiempo»; si no, tendrá que seguir buscando hasta que consiga la firma de dos).
  • Mantener una entrevista con el asesor de servicios sociales.

Y digo como mínimo porque es posible que la mujer tenga que recurrir a más especialistas, puesto que la ley deja abierta esta puerta. Un vaga frase de la ley («En la medida que fuera necesario podrán intervenir otros profesionales o especialistas») podría permitir que, si a la Administración no le convencen los informes de los médicos que atendieron a la mujer inicialmente, obliguen a ésta a buscar más opiniones.

¿Y han notado que ya no hay supuesto de malformación del feto? En este caso la mujer debe buscar a un especialista que certifique dicha malformación y a un psiquiatra que verifique que dicha malformación supone un riesgo para su salud psíquica.

Ninguno de los especialistas que aprueben el aborto (psiquiatras o ginecólogos que verifiquen una malformación) debe trabajar en el mismo centro donde se va a producir el aborto.

El aborto es un debate mucho más sencillo de lo que sale muchas veces en tertulias televisivas. No se trata tanto de un derecho de la madre (que no se me escandalice nadie) como de cuándo consideramos que comienza una vida humana. Y éste es el quid de la cuestión, y no otro. Si se considera que la vida humana comienza en el momento de la unión de un espermatozoide con un óvulo, no se podría permitir la interrupción voluntaria del embarazo en ningún caso, exceptuando el de riesgo físico grave para la madre (ahí yo creo que sí, porque entraría en juego la vida de otra persona). Y pongo un ejemplo. Si una mujer da a luz y no quiere tener ese niño, podemos decirle que lo dé en adopción, pero nunca podría asesinarlo, por mucho que sea su hijo, ya que es una vida independiente de ella. Si se considera que la vida humana comienza en el momento de la concepción, no se podría permitir el aborto en ningún caso. Ay, amigo Gallardón, tampoco en el de violación. ¿O permitiríais que una mujer asesinase a su hijo, ya nacido, si éste fue concebido fruto de una violación? El hecho de que Ruiz Gallardón quiera permitir el aborto en caso de violación da a entender, a mi parecer, que ni él mismo se cree que el aborto sea un asesinato, ya que si lo considerase un asesinato no podría permitirlo tampoco en este caso. Y siento ser tan tajante, pero es que es así. En países no desarrollados no es inusual que mujeres que han sido violadas queden embarazadas, tengan a su hijo, lo críen y lo quieran. Si consideras el aborto un asesinato, amigo Gallardón, no puedes consentirlo en caso de violación.

Yo estoy a favor de una ley de plazos. Y voy a defender en el siguiente párrafo por qué creo que es la mejor ley. Creo que para evitar abortos lo mejor sería mejorar la educación sexual para evitar embarazos no deseados. Y en el caso de los embarazos no deseados, ante la falta de consenso sobre cuándo comienza una vida humana, si una mujer no quiere seguir adelante con ese embarazo, la interrupción voluntaria del embarazo me parece la solución menos mala. Creo que se puede llegar a un consenso político sobre un plazo razonable en el que el aborto no sea punible en ningún caso. Este plazo debe estar basado en el desarrollo que tenga el feto al final de dicho plazo. Por supuesto que es algo arbitrario (igual que es arbitrario fijar la mayoría de edad a los 18 años) pero repito que me parece la solución menos mala. Porque desde luego lo que me parece totalmente arbitrario es poner unos supuestos.

¿Por qué una violación es motivo para abortar y no lo es una mala situación económica? Como ya he dicho, nadie diría que hay que asesinar a un bebé que nació fruto de una violación. O se considera el aborto un asesinato o no se considera, pero posturas intermedias son una tontería.

Una ley de plazos (con un plazo razonable en el que el feto no esté muy desarrollado) en la que se informe a la madre de todas las alternativas al aborto (ayudas a la maternidad, posibilidad de dar al futuro bebé en adopción…), pudiendo alargar el plazo en determinados casos (malformación detectada tarde, riesgo físico para la madre…) es la solución menos mala a este problema. Y digo menos mala porque no crean que a mí el aborto no me da ciertos reparos éticos (como digo es muy difícil decir el momento exacto en el que comienza una vida humana), pero obligar a la fuerza a una mujer a terminar un embarazo no va a resolver problemas, sólo los va a generar. Por ejemplo, primer problema que veo a la vista es que con esta nueva ley se va a dar la circunstancia de que profesionales sanitarios (los psiquiatras) van a tener que tratar a las mujeres embarazadas prácticamente como “locas” para así permitirles abortar, cuando todos sabemos que las mujeres embarazadas que toman la decisión de abortar no tienen ningún problema psiquiátrico ni psicológico, ni lo van a tener, tengan al niño o no.

La ley del 2010 de Rodríguez Zapatero tenía un “pero” importante, que era el que las menores de 16 y 17 años podían abortar sin permiso paterno (cuando las chicas de esta edad no pueden ni hacerse un tatuaje sin ese permiso). El Partido Popular podría haber aprovechado su mayoría absoluta para eliminar ese aspecto pero manteniendo el resto de la ley igual. Esto no hubiese armado ningún ruido; pero en lugar de eso ha decidido usar el aborto como arma arrojadiza para dividir a la sociedad entre abortistas y pro-vida.

Si realmente al Partido Popular le preocupase la maternidad de las mujeres y que disminuyese el número de abortos aumentaría las ayudas a la maternidad. Esto sí que haría disminuir el número de abortos y no leyes de supuestos sin ningún sentido.

Por cierto, no sé si saben que desde la entrada en vigor de la ley de plazos del 2010, el número de abortos en España ha descendido. Y es que una ley de plazos no necesariamente tiene que suponer un aumento del número de abortos. Sobre todo si fuese unida de más ayudas para la maternidad.