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Cuando confundimos discriminación positiva con igualdad

Tras la tormenta llega la calma y, una semana después de los polémicos tweets de Toni Cantó sobre la violencia de género, va siendo ya hora de hacer una reflexión que vaya un poco más allá de pedir la dimisión del único político (que me corrijan si no es cierto) que, tras cometer un error, ha pedido disculpas no una, sino hasta en tres ocasiones.

Lo cierto es que el revuelo generado por la traicionera red social de los 140 caracteres y las poco acertadas informaciones sin contrastar del diputado de UPyD han llevado, no a pocos ciudadanos, aquéllos que han decidido pasar del linchamiento a una actitud algo más productiva, a hacerse las siguientes preguntas: ¿es la Ley Integral contra la violencia de género una ley justa? ¿Realmente está siendo efectiva? ¿Es discriminatoria hacia los hombres? Incluso algunas atrevidas nos hemos osado plantearnos ¿es realmente una ley feminista o es más bien machista?
La actual ley de género promovida por el PSOE y aprobada en el año 2005 parte del siguiente supuesto: las mujeres han sido minusvaloradas, despreciadas y maltratadas durante siglos, su palabra era considerada menos que la de un hombre, la violencia contra ellas era una lacra y había que erradicarla. Hasta aquí creo que pocos discreparán, nadie va a negar la lacra que ha supuesto y, por desgracia, sigue suponiendo, la violencia machista, y nadie va a poner en duda que es necesario legislar para acabar con ella, pero ¿cómo legislamos?
Tras más de siete años de aplicación de la Ley Integral contra la violencia de género, el número de muertas por violencia machista no ha bajado, la conclusión lógica es que esta ley no está cumpliendo la finalidad con la que fue concebida, pero, por algún motivo que yo sinceramente desconozco y sobre el cual no voy a especular aquí, la ley no ha sufrido ninguna alteración, y ponerla en tela de juicio conlleva el linchamiento a quien ose hacerlo por una importante parte de la sociedad española tachándolo de machista, maltratador o incluso asesino, adjudicándole una supuesta “ideología que mata” (http://www.libertaddigital.com/espana/2013-02-25/las-juventudes-de-iu-piden-ilegalizar-upyd-vuestra-ideologia-mata-1276483304/).

Considero, y es ésta una consideración personal que el lector no tiene por qué compartir, que la actual Ley Integral contra la violencia de género es una ley machista, ésta da a entender que las mujeres, tras ser consideradas durante años seres inferiores, son ahora un colectivo susceptible de ser protegido, que necesitan de leyes de discriminación positiva que las ayuden. He de reconocer que nunca he sido muy amiga de las leyes de discriminación positiva, pero lo que me niego es a reconocer que las mujeres somos un colectivo que necesita de este tipo de leyes, las mujeres somos más de la mitad de la población española, somos una parte suficientemente importante de esta sociedad como para que se hagan leyes exclusivas para nosotras. Yo como mujer no las quiero.
La actual ley de género, invito a todos y todas a echarle un vistazo, da más valor a la palabra de una mujer que a la de un hombre, la presunción de veracidad que se otorga a la palabra de una mujer que denuncia a su pareja o expareja por violencia de género invalida la presunción de inocencia del hombre que, sin necesidad de ninguna prueba más allá de la palabra de ésta, se ve pasando una noche en el calabozo y con una orden de alejamiento que le impide acercarse, no sólo a la mujer que ha interpuesto la denuncia, sino a sus hijos y a su propia casa.
Creo que una ley que da más valor a la palabra de una mujer define a la mujer, una de dos, o como un ser superior, lo que me parecería no menos que el fin de la lucha por la igualdad real y efectiva; o como un ser inferior, que necesitaría de esta discriminación positiva.

No me gustaría acabar sin dejar claro que la actual ley de género no está cumpliendo con su objetivo, el número de muertes por violencia machista sigue siendo prácticamente el mismo, y de estas víctimas el porcentaje que denuncian sigue oscilando entre el 20%, tenemos una ley de género que ha dado a las mujeres un arma de doble filo, y no voy a ser yo quien se aventure a decir cuál es el porcentaje de denuncias falsas, pero lo cierto es que a fecha de hoy el gobierno sigue sin ofrecer datos fiables.
Y todo esto se ha hecho en nombre de erradicar la triste realidad de la violencia machista, objetivo que desgraciadamente no se ha conseguido.

El desprestigiado mundo de la Ciencia, testimonio de un investigador exiliado.

Es sabido por todos que, en pleno siglo XXI, un país que quiera mirar al futuro con la cabeza alta debe invertir en sus jóvenes y premiar la excelencia.

¿Por todos? Parece que no: con la reciente aprobación del Real Decreto-Ley 14/2012, el recorte del 50% en la partida dedicada a I+D+i en los presupuestos de este año (a la que se le suma el recorte del 50% que aprobó el PSOE el año anterior) condena a los jóvenes investigadores españoles —ésos que llevan años formándose para devolver a la sociedad lo que han aprendido— al exilio, y con pocas posibilidades de retorno.

Para hablar de ello he querido preguntar a uno de muchos investigadores españoles exiliados. José Manuel tiene ahora 30 años (hará 31 el mes que viene), le gusta España —éste es su país, aquí tiene a su familia y amigos—, y sin embargo se marchó a la ciudad de Birmingham (Reino Unido) en busca de oportunidades mejores, esperando aprender mucho para en el futuro volver a su país natal.

 

Éste es su testimonio:

¿La situación de la investigación en España ha mejorado o empeorado durante los últimos años?

Llevamos varios años encadenando continuos recortes en los presupuestos para investigación (incluso con la desaparición del Ministerio de Ciencia e Innovación) y se empieza a notar. Hasta hace poco se tiraba de partidas ya concedidas pero eso se acabó, y con los recortes acaecidos estos años la situación es bastante incierta. Desgraciadamente, estamos al principio de la cuesta abajo y creo que todo ira a peor.  Conozco a compañeros con ayudas concedidas hace dos años que no han recibido ni un solo euro de lo prometido.

¿Cómo es en el Reino Unido?

Aquí la situación es significativamente mejor, aunque se anuncian recortes para el año que viene. De todas maneras, veo que aquí actualmente se conceden nuevos proyectos de investigación y se conceden ayudas a becarios de investigación. No me puedo quejar, la verdad.

¿Qué diferencias encuentras con respecto a España?

Aquí todo esta más organizado. Cuando uno llega con su mentalidad española, se queda sorprendido por la cantidad de reglas que tienen, comisiones de evaluación y seguimiento, medidas de seguridad, etc. Al principio pensaba que era una pérdida de tiempo, pero últimamente creo que ayuda a que todo vaya mejor.

Y en cuanto a la figura del investigador, ¿consideras que está mejor valorada?

Creo que la figura del investigador es más respetada en el Reino Unido, en mi opinión, y no sólo estamos mejor considerados socialmente sino también económicamente.

¿Qué posibilidades ves de retorno a tu país?

Pues, la verdad, actualmente no demasiadas. Con los últimos recortes en investigación soy bastante pesimista.

Si volvieras a España, ¿en qué condiciones crees que sería?

Si vuelvo a España seguramente lo haré en unas condiciones bastante peores de las que tengo aquí. Con peor sueldo y menos recursos para llevar a cabo mi investigación.

Tras la aprobación del Real Decreto-Ley 14/2012, además de la conocida subida de tasas para los estudiantes, va a haber cambios en el funcionamiento general de las universidades. La distinción entre el profesorado que se dedicará a la docencia y aquel que se dedicarán a la investigación parece que pondrá muchas trabas para que los jóvenes puedan dedicarse a la investigación, dejando ésta en manos del profesorado más experimentado. ¿Qué opinión te merece este decreto?

No creo que ni jóvenes investigadores ni profesores se tengan que dedicar en exclusiva a una de las dos áreas. Aunque creo que, de hacerse, debería ser justo lo contrario a lo que se propone: los jóvenes dedicando la mayor parte de su tiempo a la investigación y los de mayor experiencia a la docencia.

 

En plena crisis económica, no teniendo suficiente con la crisis política, tenemos una preocupante crisis de valores cuando condenamos a nuestros jóvenes más formados a viajar en busca de mejores oportunidades y no les facilitamos el regreso.

“Els diners i els collons són per a les ocasions”

“Els diners i els collons són per a les ocasions” (“El dinero y los cojones son para las ocasiones”) es un refrán popular valenciano que decía mi querida abuela; debe de ser que las abuelas de los políticos valencianos decían lo mismo, porque en eso se gastan els diners nuestros políticos, entiéndase que hablo de dinero público, que en lo que a mí respecta cada uno que se gaste su dinero (y por supuesto sus cojones) en lo que le venga en gana, pero cuando hablamos de dinero público la cosa cambia, ¿o no?

Hagamos un brevísimo repaso a los últimos años de gobierno de PP en la Comunidad Valenciana: hemos tenido Copa América, circuito de Fórmula 1, visita del Papa, Terra Mítica, Ciudad de la Luz, Canal 9, y hasta un precioso aeropuerto sin aviones…

Así que dinero en ocasiones se ha gastado a mansalva, pero, ¿qué pasa, por ejemplo, con la educación? Se ve que no es una ocasión y no merece la pena gastar dinero en ella, y a mí que no me hablen de crisis económicas, que ya tengo 22 añitos y cuando hacía la ESO ya copiábamos las preguntas de los exámenes porque no había dinero para fotocopias y nos dosificaban hasta el papel higiénico, y algunos ya salíamos a la calle a pedir dinero para la pública… Pero parece que últimamente las cosas están peor; eso cuentan mis padres (profesores de enseñanza pública), que han visto reducido su sueldo; eso me cuentan mis amigos, que van con mantas a estudiar. Y es que ahora ya no se trata de dosificar el papel higiénico, ahora la mierda nos ha cubierto de tal manera, estamos tan indignados, que ya no somos algunos los que salimos a la calle, ahora somos muchos… Y se ve que a la abuela de la delegada del gobierno en Valencia también le gustaban los refranes, y uno de los refranes que se sabía debía de ser el de “a grandes males, grandes remedios”.

Pero ya que estamos con los refranes populares, hay uno que dice que “el remedio es peor que la enfermedad” y es que el remedio de permitir y/o ordenar a policías arremeter contra adolescentes, ese remedio es peor que la enfermedad, porque a algunos nos están confirmando que aquéllo que decían cuatro perroflautas en la Puerta del Sol hace ya casi un año era algo más que una cancioncilla pegadiza: “Lo llaman democracia y no lo es”.