Archivo del Autor: Pedro Pablo

Kafka y el súbdito más distante del poder

Dentro del relato sobre ‘la edificación de la muralla china’ me encuentro de buenas a primeras con una parábola que sólo ocupa un párrafo. Kafka la expone después de escribir que los cortesanos del emperador son ‘maldad y hostilidad disfrazadas de amigos y servidores; el contrapeso del poder[…]. El Imperio es eterno, pero el Emperador vacila y se tambalea; dinastías enteras se derrumban y mueren en un solo estertor’. Es por esto que nos podemos imaginar a un emperador moribundo que tiene que dar un último mensaje y que no puede confiar en ninguno de los cortesanos que lo miran compungidos mientras se frotan las manos. ¿A quién se lo dará? Kafka responde:

“El emperador -así dicen- te ha enviado a ti, el solitario, el más miserable de sus súbditos, la sombra que ha huido a la más distante lejanía, microscópica ante el sol imperial; justamente a ti, el emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurró el mensaje al oído; tan importante le parecía que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de la repetición. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte -todas las paredes que interceptaban la vista habían sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un círculo los grandes del Imperio-, ante todos, ordenó al mensajero que partiera. El mensajero partió en el acto; el hombre robusto e incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a través de la multitud: cuando encuentra un obstáculo, se señala sobre el pecho el signo del sol; adelanta mucho más fácil que ningún otro. Pero la multitud es muy grande; sus alojamientos son infinitos. Si ante él se abriera el campo libre, como volaría, qué pronto oirías el glorioso sonido de sus puños contra tu puerta. Pero, en cambio, qué vanos son sus esfuerzos; todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio central; no acabará de atravesarlas nunca; y si terminara, no habría adelantado mucho; todavía tendría que esforzarse para descender las escaleras; y si lo consiguiera, no habría adelantado mucho; tendría que cruzar los patios: y después de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y nuevamente un palacio: y así durante miles de años; y cuando finalmente atravesara la última puerta -pero esto nunca, nunca podría suceder- todavía le faltaría cruzar la capital, el centro del mundo, donde su escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podría abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un muerto. Pero tú te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche.”

La calidad literaria está fuera de toda duda, cómo no pensar en ese mensajero señalando el signo del sol, pidiendo respeto y espacio para continuar su camino sin abrir la boca, ante unos cortesanos que se mueren de rabia porque el mensaje, ¿ser el futuro emperador quizás?, no es para ellos. Cómo no pensar en ese camino interminable de escaleras, plazas, patios, palacios y gentío, ese mundo inabarcable. ¿Y qué me decís del cierre? ‘Pero tú [que bien podrías ser el nuevo emperador] te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche’. ¿Podría sentarse el emperador junto a su ventana, cualquier noche, sin tener metida la nariz de algún adulador venenoso en cualquier parte, sin tener una multitud de ojos clavados en la nuca? Por eso el final sería el mismo si Kafka nos dijera: ‘Pero tú eres libre’.

Me vienen un par de cosas leyendo este relato. Lo poco que nos podemos fiar de los aduladores, acabarán tirando las paredes para vernos morir. Es mejor, sin duda alguna, confiarle un secreto a un hombre libre. También nos habla sobre la lejanía que existe entre los que gobiernan y su pueblo. En este sentido Kafka hace un diagnóstico prematuro de nuestros días: es pisar moqueta, enchufarse la corbata y subirse al coche oficial, sentirse emperador auténtico, y ver a los ciudadanos como sombras que han huido a la más distante lejanía, microscópicas ante el sol imperial.

La liga de Capello

Por UPyDiego, forero de Territorio Magenta.

¿Por qué este título para un artículo sobre política? Bueno, es lo único que he encontrado que tenga alguna similitud con lo que pasó en las elecciones andaluzas.

Como la mayoría de la gente que siguió el escrutinio al filo de las 22 horas, quedé estupefacto y algo contrariado con las noticias que iban llegando. A la hora de la cena el PSOE tenía ¡mayoría absoluta! ¿Cómo era posible? Según iba avanzando el recuento, el PP consiguió adelantar a los socialistas y llegar hasta los 50 diputados; completamente insuficiente. Fracaso absoluto.

Confieso que mi primera impresión fue que Andalucía no tiene remedio. No puedo entender cómo es posible que en España la corrupción no pase factura y que gente como Griñán o Camps puedan llegar a presidentes autonómicos por voluntad popular estando involucrados en casos tan graves como los que se les imputan. Los andaluces habían ido a votar en masa para que un régimen podrido hasta las entrañas por la corrupción y el enchufismo se mantuviera en pie a cambio de mantener su puestecito en el ayuntamiento de turno, su PER o su subvención. Menuda decepción. Por fortuna no fue eso lo que pasó. Y aquí es donde encaja el símil futbolístico:

La liga de Capello fue la liga del milagro, la que ganó un equipo mucho peor que el que quedó segundo cuando ya la tenía perdida. Aquella liga no la ganó el Real Madrid, la perdió el Barça. Lo mismo pasó el domingo. Reconozco que no me di cuenta hasta el lunes.

Ojo al dato:

El PSOE sacó en 2008 2.178.296 votos.
En 2012___________ 1.523.465 votos.

Es decir 650.000 votos menos. Se ha dejado por el camino nada más y nada menos que un 30% de sus votos. ¡Menos mal!

Izquierda Unida ha ganado 120.000 votos, probablemente en su inmensa mayoría provenientes de antiguos votantes socialistas.

¿Por qué no se ha producido el vuelco? Porque el PP no sólo no ha recibido ni un solo voto procedente de la hecatombe del PSOE, sino que además ha perdido 160.000 votos con respecto al 2008.

Han fallado un penalti sin portero.

Hablando de partidos más serios, UPyD no ha conseguido su objetivo de entrar en el parlamento andaluz. Ése era el objetivo y no hemos llegado, por poco, pero no hemos llegado. ¿Es comparable este fracaso con el del PP? Rotundamente no. El fracaso no son los resultados, con circunscripción única UPyD tendría 3 diputados en San Telmo. El error son las expectativas creadas. Confundimos las elecciones generales con las autonómicas y son distintas ligas.

El dato clave en este caso es el siguiente:

Resultados de UPyD en 2008:____________________Resultados de UPyD en 2011-2:
Generales:________40.568__________________________________207.923
Autonómicas:______27.261_________________________________129.180

En ambos casos UPyD ha multiplicado sus votos en 4 años ¡por 5!

Como era de esperar UPyD saca, y creo que seguirá sacando, mejores resultados en generales que en autonómicas, por ser un partido con un mensaje claramente nacional. Pero lo de UPyD no es un penalti fallado. Lo de UPyD es el gol de Pelé… que no entró.

Caciquismo

Rescato este fragmento del semanario republicano sevillano El Baluarte. Cualquier parecido con la actualidad ¿es pura coincidencia? Que cada cual saque sus propias conclusiones.

En el pueblo de Sanlúcar la Mayor nadie come, ni bebe, ni cobra, ni chupa, ni besa, más que los Pacheco.

El jefe de los conservadores es don Francisco Rodríguez Pacheco.

El alcalde, don Antonio Rouquier Suárez, es hermano político del segundo teniente de alcalde, don Antonio Pacheco.

Primer teniente de alcalde, don Eustaquio Pacheco.

Segundo teniente, don Antonio Pacheco.

Regidor-interventor, don Pablo Carrasquilla, hijo político de don Mariano Pacheco.

Regidor-síndico, don Tomás Cayuso, padre político de don Ramón Pacheco.

Depositario de los fondos municipales, don Francisco Solís, hermano político de don José Rodríguez Pacheco.

Secretario del Ayuntamiento, don Enrique Ramos, hermano político de don Narciso Iturriaga Pacheco. (…)

Administrador de bienes del Estado, don Francisco Pacheco.

Veterinario, don Francisco Pacheco.

Juez municipal, don Antonio Ramos, sobrino de don Francisco Pacheco (hijo). (…)

Administrador de consumos, don Marcial Rouquier, tío del alcalde.

Cabo de consumos, don Rafael Serrano, hijo político de don Eustaquio Pacheco. (…)

Y se acaban los Pacheco, porque en Sanlúcar la Mayor ya no hay más cargos públicos que ocupar. Los Pacheco en Sanlúcar la Mayor, como los Silvela o los Sagasta en Madrid, hacen copo hoy, como estos últimos lo hicieron en su época.

El Baluarte
17 de enero de 1904