Archivo de la categoría: Política Internacional

La carrera presidencial de Peña Nieto

Enrique Peña Nieto, asumirá el próximo 1 de diciembre el cargo de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Su llegada a este punto ha sido altamente controvertida y muchas voces discrepantes ponen en duda si ha sido legítimo el proceso electoral que lo ha encumbrado a la más alta magistratura de aquel Estado. Peña Nieto pertenece al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México durante 70 años hasta el año 2000, donde se sucedieron Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos del Partido de Acción Nacional (PAN). Hay multitud de voces críticas que inciden sobre su poca preparación, puesto que, argumentan, se centró multitud de veces en su aspecto físico o el de su esposa (actriz de telenovelas) como baza para recabar la confianza ciudadana. Incluso se le achacó su poca cultura cuando no fue capaz de citar tres libros que hubiese leído, refiriéndose únicamente a fragmentos de la Biblia. Por estos motivos se apunta de que actuará como imagen pública de otros poderes que en realidad controlarán los vaivenes del país. Su carrera política como Gobernador del Estado de México estuvo salpicada por los disturbios de Atenco en 2006 (donde hubo muertos en los enfrentamiento y denuncias de torturas policiales) y un escándalo urbanístico, aunque consiguió durante su mandato el Estado de México fuese el segundo más transparente del país y uno de los políticos en activos más conocidos. Lee el resto de esta entrada

¿Especuladores o políticos?

O “de cómo tirar balones fuera”.

De un tiempo a esta parte, la prensa española ha venido haciéndose eco de las consignas repetidas y repetidas por los partidos políticos sobre la especulación que se produce sobre la deuda española. Por ejemplo, ABC afirmaba la existencia de ataques especuladores contra nuestra economía, y anunciaba hace un par de meses que De Guindos contactaba con Mario Draghi para tratar de luchar contra esta especulación. De Guindos ha llegado a afirmar recientemente que “está convencido de que la penalización en los mercados que estamos sufriendo hoy no se corresponde con los esfuerzos ni con la potencialidad de la economía española“, como si fuera algo fruto de una suerte de conspiración y no se correspondiera con la realidad. Por su parte, el PSOE ha optado por defender también que existe una combinación de ataques especuladores y una concurrente pasividad del BCE, que permite que esto pase. Así, Rubalcaba salió defendiendo también esta postura del enemigo exterior, donde el gobierno de España y la casta política española no tienen la culpa de lo que está pasando, porque se debe a un ataque especulador que no se corresponde con la realidad, y donde quien debería evitar esta situación es el BCE. Pero, ¿este conjunto de afirmaciones refleja la realidad? Cabe preguntarse: ¿nuestros problemas provienen de la especulación?

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Mi teoría paranoica sobre YPF

Puede que este artículo reciba muchas críticas. No me importa, simplemente quiero hacer reflexionar a la gente sobre una idea que me ha rondado la cabeza. ¿Puede que el tema de la nacionalización de YPF por parte del gobierno argentino no sea más que una pantalla de humo para tapar las graves deficiencias del gobierno de Rajoy? ¿Una sofisticada estrategia para frenar la escabechina de perdida de intención de voto hacia el partido del gobierno?

Tal y como explicó de forma excelente  en el artículo Argentina se plantea nacionalizar YPF, el gobierno argentino también tiene problemas internos de apoyo popular. ¿Sería descabellado pensar en un pacto hispanoargentino para fomentar la cohesión interna de sus respectivos países para fortalecer a sus gobiernos? Los posibles escenarios potenciales podrían ser variados: desde un pacto con la complicidad de la propia Repsol, a un arreglo directo de ambos gobiernos sin pasar por la petrolera en el que incluso Argentina podría pagar a España en cash, deuda soberana o cualquier otro tipo de favor.

Sería interesante recordar uno de los puntos de las “Diez estrategias de manipulación” de Noam Chomsky:

Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
 Por último añadir un tweet relacionado que me ha resultado llamativo, y a la vez cargado de razón:

¿Qué tengo para apoyar mi teoría? Absolutamente nada, pero no me gusta tragarme todo lo que me dicen de forma acrítica. Lo más probable es que no tenga razón. Aún así, una cosa es segura: el PP va a utilizar este tema para tapar sus vergüenzas, para que la gente se olvide de otros asuntos más graves, para exaltar los sentimentalismos nacionales de los ciudadanos y, en definitiva, para intentar reconciliar al país con el gobierno a través de la lucha contra un enemigo externo.

Crisis Argentina - España

Argentina se plantea nacionalizar YPF

La crisis internacional no ha afectado a todo el mundo por igual, sino que ha habido lugares a donde ha llegado más tarde o en los que sus efectos no han sido tan arrasadores. Pero al final llega, tal y como está pasando en Latinoamérica. Este retraso viene provocado por la gran bonanza de Brasil y el crecimiento vertiginoso de Argentina en estos últimos años. Pero Brasil lleva casi dos trimestres sin crecer y Argentina posee una alta inflación. Si cae Brasil, esta región del planeta sucumbirá a la crisis internacional. Argentina quiere evitarlo, pero por sus propios medios no le es posible, aún sigue siendo un país eminentemente exportador de materia prima e importador de bienes procesados. La política de privatización en manos extranjeras durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999) tiene alta culpa, frenando la incipiente independencia industrial y tecnológica y poniendo, sin contraprestación, en manos extranjeras la gestión y salida de recursos naturales.

Hoy en día, en un clima político argentino inestable se intentan recuperar las antiguas empresas nacionales, aun sin tener la capacidad de gestionar de vuelta a éstas. Sospecho que estas políticas son para crear un fondo de patriotismo rozando el populismo y cortinas de humo para lo que se avecina, que tiene pinta de ser muy duro.

En estos últimos días ha surgido con fuerza la idea de renacionalizar la petrolera YPF, cuya mayor parte de sus acciones —el 57,43%— pertenece a REPSOL, mientras que el resto es una suma de inversores —donde destaca la influyente familia argentina Eskenazi, con un 15% de las acciones que le vendió la petrolera hace cinco años a cambio de ciertos beneficios. Esta empresa es el mayor productor de hidrocarburos de Argentina, el mayor contribuyente fiscal y uno de los principales empleadores, con una plantilla de 13500 empleados. REPSOL controla el 32% de la explotación de petróleo y el 23% de la de gas de Argentina y posiblemente llegue a ser mucho más tras el descubrimiento del yacimiento de Vaca Muerta. Las inversiones y producción de la petrolera española aumentan año a año y en 2011 se alcanzaron cifras de 2300 millones de inversión. YPF dedicó ese año 1550 millones de euros a exploración y producción, 732 millones a refinación, logística y comercialización y 38,3 a otros tipos de inversiones. Esto sin contar la cantidad de impuestos que pagan periódicamente: 4880 millones de euros el año pasado.

A pesar de estas cifras boyantes muchos dirigentes políticos apuntan a nacionalizar la petrolera por insuficientes inversiones y dejadez a la hora de ensayar nuevas prospecciones para localizar nuevos yacimientos. El diputado Fernando “Pino” Solanas, fiel a su política de recursos nacionales y renta equitativamente distribuida, argumenta que REPSOL-YPF únicamente invierte en 10% de los beneficios que consigue, además de no respetar la legislación sobre conservación del medio ambiente tras la contaminación de varios acuíferos. Este desbalance es el que tienen en contra de la empresa española, puesto que se ve como un nuevo colonialismo en búsqueda ya no de metales preciosos y evangelización forzada, sino de hidrocarburos. Esquilmar un país de sus bienes sin dar nada a cambio es una práctica que en la actualidad debe ser desterrada como procesos de siglos anteriores. Bajo un respeto al medio ambiente y unos contratos rigurosos una empresa puede beneficiarse, contribuyendo a la mejora del país en el que extrae la materia prima, reinvirtiendo y creando empleo y posibilidad de que el Estado (o la Provincia) pueda algún día ocuparse, no en monopolio quizás, de las tareas de extracción.

La Constitución argentina de 1853, en su artículo 124 indica que “corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”, por lo que el Estado no tiene influencia directa en el control de sus recursos a menos que haya una delegación explícita o no entren en materia de armonización provincial o conservación del medio ambiente. Por tanto, no hay una política seria de nacionalización, observándose multitud de contrariedades por parte de las provincias involucradas. El Gobierno, tras la llamada del Rey de España hace unas semanas, habla con rodeos y desdiciéndose cada minuto sobre si fomentar o no políticas de nacionalización, abandonando por tanto la anterior política de nacionalizar a toda costa. Aparte de las provincias de Santa Cruz, Chubut y Neuquén (más Río Negro, que se ha sumado recientemente), se van a sumar a la supresión de la licencia Mendoza, La Pampa y Salta, olvidando que la cláusula de renovación caducará en 2015. Muchos políticos cursan invitaciones para el acto de supresión de la licencia en un claro gesto propagandístico más que de interés de conservación de los recursos. Como demostración de que más que ideas de nacionalización hay afán de protagonismo se puede mencionar que los pozos cuya licencia de explotación se va a retirar no reporta más de un 7% al total de extracción de crudo de YPF, junto con que son pozos con sus reservas ya prácticamente agotadas. Mientras tanto, las dudas provocan el temor a la gente para que invierta de manera bursátil en la empresa, con el resultado consecuente de que ni Argentina ni España están saliendo beneficiadas de tantos intentos timoratos y con afán publicitario.

“La masacre en Afganistán no fue locura”, por Robert Fisk

Navegando por los foros de política de Meristation, he encontrado este interesante artículo sobre la masacre provocada por un soldado estadounidense que tuvo lugar hace pocos días en Afganistán. Un punto de vista que nos hace reflexionar sobre las versiones que nos llegan ya masticadas para que podamos consumir sin atragantarnos, que nos muestra cuál es la realidad que subyace detrás de todo esto. Un caso más en el que los “buenos” hacen de “malos” y viceversa. O no. Quizás, al fin y al cabo, puede que no haya ni buenos ni malos.

Artículo de Robert Fisk para  © The Independent, tomado de La Jornada. Traducido por Jorge Anaya.

Empieza a cansarme este cuento del soldado demente. Era predecible, por supuesto. No bien el sargento de 38 años que masacró el domingo pasado a 16 civiles afganos, entre ellos nueve niños, cerca de Kandahar, regresó a su base, ya los expertos en defensa y los chicos y chicas de los centros de pensamiento anunciaban que había enloquecido. No era un perverso terrorista sin entrañas -como sería, desde luego, si hubiera sido afgano, en especial talibán-, sino sólo un tipo que se volvió loco.

Esa misma tontería se usó para describir a los soldados estadunidenses homicidas que perpetraron una orgía de sangre en la ciudad iraquí de Haditha. Con la misma palabra se describió al soldado israelí Baruch Goldstein, quien masacró a 25 palestinos en Hebrón, algo que hice notar en este mismo periódico apenas unas horas antes de que el sargento enloqueciera de pronto en la provincia de Kandahar.

Al parecer enloqueció, anunciaron periodistas. Un hombre “que probablemente había sufrido algún colapso (The Guardian)”, un soldado rufián (Financial Times) cuyo disturbio (The New York Times) fue sin duda (sic) perpetrado en un rapto de locura (Le Figaro).

¿De veras? ¿Se supone que creamos eso? Claro, si hubiera estado loco por completo, nuestro sargento habría matado a 16 de sus compañeros estadounidenses. Habría asesinado a sus camaradas y después prendido fuego a los cuerpos. Pero no, no mató a estadounidenses; escogió matar a afganos. Hubo una elección. ¿Por qué, entonces, mató a afganos?

Existe una pista interesante en todo esto, la cual no hubiera aparecido en los informes de los medios. De hecho, la narración de los hechos ha sido curiosamente lobotomizada -censurada, incluso- por quienes han tratado de explicar la atroz masacre en Kandahar. Recordaron la quema de ejemplares del Corán -cuando soldados estadunidenses en Bagram los arrojaron a una hoguera- y las muertes de seis soldados de la OTAN, dos de ellos estadounidenses, que vinieron después. Pero vuélenme en pedazos si no olvidaron -y esto se aplica a todas las notas informativas sobre la reciente matanza- una declaración notable y sumamente significativa del comandante en jefe del ejército estadounidense en Afganistán, el general John Allen, hace exactamente 22 días. De hecho, fue una declaración tan inusitada que recorté las palabras en mi periódico matutino y puse el recorte en mi maletín para referencia futura.

Allen dijo a sus hombres: Ésta no es la hora de la venganza por las muertes de los soldados estadounidenses muertos en los disturbios del jueves. Les advirtió que debían resistir cualquier urgencia que sientan de devolver el golpe, luego de que un soldado afgano dio muerte a los dos estadounidenses. “Habrá momentos como éste en que estarán ustedes buscando el significado de estas muertes -continuó-. Momentos como éste, en que sus emociones serán gobernadas por la rabia y el deseo de desquite. Ésta no es la hora de la venganza; es la hora de mirar al fondo de su alma, de recordar su misión, recordar su disciplina, recordar quiénes son ustedes.”

Fue un llamado extraordinario, viniendo del comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistán. El general se vio precisado a decir a su ejército, supuestamente bien disciplinado, profesional, de élite, que no cobrara venganza en los afganos a los que supuestamente está ayudando/protegiendo/educando/adiestrando, etc. Tuvo que decir a sus soldados que no cometieran asesinatos.

Sé que los generales decían esas cosas en Vietnam. Pero, ¿en Afganistán? ¿Han llegado las cosas a ese extremo? Me temo que sí. Porque, por mucho que me disgustan los generales, he tratado con muchos de ellos en persona y, en general, tienen una idea bastante acertada de lo que ocurre en sus filas. Y sospecho que el general John Allen ya había sido advertido por sus oficiales de que sus soldados estaban furiosos por las muertes que vinieron después de la quema de los ejemplares del Corán y tal vez habían decidido emprender una escalada de venganza. Por eso trató de un modo tan desesperado -en una declaración tan impactante como reveladora- de prevenir una masacre exactamente como la que ocurrió el domingo pasado.

Sin embargo, ese mensaje fue borrado por completo de la memoria de los expertos cuando analizaron esa matanza. No se permitió en sus relatos ninguna alusión a las palabras del general Allen, ninguna referencia, porque, desde luego, eso habría sacado a nuestro sargento del grupo de los enloquecidos y le habría dado un posible motivo para la masacre. Como de costumbre, los periodistas tuvieron que meterse a la cama con los militares para procrear un demente y no un asesino. Pobre tipo: andaba mal de la cabeza. No sabía lo que hacía. No es extraño que lo hayan sacado de Afganistán tan rápido.

Todos hemos tenido nuestras masacres. Ahí está My Lai, y nuestro propio My Lai británico, en una aldea malaya llamada Batang Kali, donde los guardias escoceses -envueltos en un conflicto contra despiadados insurgentes comunistas- asesinaron a 24 indefensos trabajadores del hule, en 1948. Claro, se puede aducir que los franceses en Argelia fueron peores que los estadounidenses en Afganistán -se dice que una unidad francesa de artillería desapareció a 2 mil argelinos en seis meses-, pero eso es tanto como decir que somos mejores que Saddam Hussein. Cierto, pero vaya parámetro de moralidad.

De eso se trata todo esto. Disciplina. Moralidad. Valor. El valor de no matar en venganza. Pero cuando uno va perdiendo una guerra que finge estar ganando -me refiero a Afganistán, por supuesto-, supongo que eso es esperar demasiado. Parece que el general Allen perdió su tiempo.

¿Cómo sofocar la violencia?

Aunque parezca una pregunta filosófica y abstracta no lo es, es una pregunta sobre una situación muy concreta que hemos visto demasiadas veces: la violencia entre el gobierno y el pueblo.

Cuando se produce un foco de violencia en un estado democrático y con un respeto casi total hacia los más esenciales derechos humanos, no suele haber mucha duda, la solución es que el estado de derecho restablezca la paz con la participación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Es decir, traducido a lenguaje vulgar, el gobierno envía a la policía a enfrentarse a los delincuentes y los neutraliza aplicando su fuerza contra la de éstos.

La duda aparece cuando el estado es quien inicia una sucesión de acciones violentas inaceptables (disparar a manifestantes, bombardear ciudades, torturar detenidos, rematar heridos…).

En semejante caso, ¿qué debemos hacer los demás, que observamos desde fuera, para detener la barbarie? ¿Debemos enviar a nuestros ejércitos nacionales a combatir al estado opresor? ¿Debemos dejar de mirar? ¿Debemos interrumpir nuestro comercio con semejante estado? ¿Debemos impedir cualquier tipo de comercio del estado que lesiona los derechos humanos con terceros bloqueando sus fronteras?

La solución más ingenua para evitar estas situaciones en el futuro consiste en crear un ejército mundial, al servicio de algún ente global que decida sobre estas cuestiones y se enfrente a los agresores. Lo más parecido ahora mismo es la ONU, que vela por la “paz internacional” o status quo, una organización poco democrática tanto en su composición (incluye dictaduras) como en su funcionamiento (para tomar cualquier decisión hay que vencer los vetos de 5 naciones, entre ellas una dictadura clara y una democracia dudosa). Por tanto, la creación de un ejército mundial es una propuesta ingenua porque jamás podrá crearse un ente global que vele por los derechos humanos, debido a que las dictaduras no se unirían nunca a este proyecto que podría derrocarlas. Es decir, deberían desaparecer primero las dictaduras para que pueda haber una organización global que vele por la democracia, la libertad y los derechos humanos en general.

Una alternativa a esta Organización de Naciones Unidas sería la formación de un grupo internacional, pero no global, de democracias a partir de la unión de OTAN, ANZUS, OTASE… que tuviera un funcionamiento más justo y cabal sustituyendo el veto por mayoría reforzada. Ésta era una de las propuestas de John McCain, candidato republicano a la presidencia de EEUU, enterrada tras su derrota en las elecciones. Se entiende que esta organización se autoproclamaría legítima para decidir la intervención militar en cualquier estado al aglutinar a todos los países del mundo en los que la soberanía reside en el pueblo e ignorar aquéllos en los que la soberanía reside en el dictador.

Sin embargo y hasta que esto ocurra, ¿cómo resolvemos la violencia en, por ejemplo, Siria? Mi opinión es que todos deben enviar tropas siempre que sea posible a defender al pueblo que está siendo literalmente masacrado por su dictador, pero sé que mi postura no es aceptada por todos.

¿No habéis oído a la gente quejarse de que no se hace nada por impedir la violencia? ¿Y no habéis oído también a la gente maldecir a las naciones que combaten las dictaduras? Yo he oído lo primero en el caso sirio y ruandés, lo segundo en el caso irakí y vietnamita, e incluso lo primero durante un tiempo y lo segundo despues, en el caso de Libia y Bosnia. No comprendo por qué se critica a algunas naciones por no intervenir y también por intervenir, como si no hubiera opción válida.

En lo único en que todos estamos de acuerdo es en que no se debe comerciar con regímenes que lesionen los derechos humanos, sobre todo si lo hace de forma ascendente. Pero, ¿podemos bloquear las fronteras para que no se pueda comerciar con gente menos humanitaria? ¿Podemos hacerlo aún si la ONU no está de acuerdo debido a los vetos de Rusia y/o China? ¿Podemos entrar en casa del vecino para que éste deje de pegar a sus hijos? ¿O debemos limitarnos a observar?

Cada uno responderá como quiera a estas preguntas, en base a su propia ética, lo único que pido es que la elección sea coherente.

¿Qué pasa con las Malvinas?

Durante estas dos semanas las tensiones entre Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas (Falkland Islands en inglés) han subido de tono vertiginosamente y más por la reciente llegada del príncipe inglés Guillermo, además del envío de apoyo militar a las islas -un submarino nuclear cargado de misiles y un barco de guerra-. ¿Por qué este recrudecimiento? Parece ser que, en contra de las declaraciones oficiales sobre el caso, hay yacimientos petrolíferos rentables y han desplazado maquinaria para realizar prospecciones y extracción. Además, la plataforma continental entre el continente americano y las islas es muy extensa y no cae en picado a las pocas millas náuticas, por lo que es un caladero excepcional de pescado. Debido al esquilmado de los recursos costeros de otros países, poder controlar dicha plataforma continental es de suma trascendencia. Siempre ha habido este tipo de reclamaciones por parte de Argentina, pero en la actualidad hay un bagaje de choques diplomáticos previos que han elevado las tensiones -junto a la renuencia de los hospitales argentinos a tratar a los isleños-, unido a que los organismos internacionales sudamericanos han empezado a apoyar a Argentina, declarándose a favor de la devolución de las islas y bloqueando sus puertos a los buques con bandera de las Malvinas. Hoy, según parece, sólo existe un vuelo chileno hacia las islas.

Pero estas discordias vienen de lejos. Los registros históricos no aclaran mucho sobre quién descubrió el archipiélago, aunque siempre se barajó la posibilidad de que fuera un español o un portugués, y en menor medida alguien de Inglaterra. Fue el holandés De Weert quien fijó en 1600 las coordenadas de las islas y quien aportó pruebas de su llegada, confirmado el hecho en 1690 por el inglés Strong. Algunas expediciones arqueológicas han encontrado restos de poblaciones indígenas del continente aunque hasta el asentamiento de colonos franceses allá por 1764 nunca fue de forma permanente. Sin embargo, atendiendo al Derecho Internacional vigente en el siglo XV, quien avistaba o pisaba tierra podía reclamar ésta para su país, por lo que España procuró la evacuación de la colonia francesa y la llegada de españoles procedentes de los virreinatos americanos, sobre todo del virreinato del Río de la Plata, fundado en 1776. Esta ocupación permanente tuvo fuerte peso en la alegación contra Reino Unido por un asentamiento que realizó proclamando que para reclamar soberanía además de avistada una tierra ha de ser habitada. Este mencionado conflicto fue el culmen, ya que desde 1740 ambos países habían contendido para asegurarse la soberanía, cuestión nunca dirimida pero con España favorecida al tener colonias americanas cerca de la zona.

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Primarias ‘republicanas’ en USA

Como muchos sabéis, el Partido Republicano celebra este año sus primarias para elegir al candidato que se batirá con Barack Obama en Noviembre. En el Partido Demócrata, el otro gran partido en un país esencialmente bipartidista, nadie discute que el actual Presidente se presentará a la reelección.

Dada la composición federal de los Estados Unidos, cada estado cuenta con una cantidad de delegados que reparten entre los candidatos, ya sea otorgándoselos todos al ganador, repartiéndolos por distritos o de forma más o menos proporcional a los votos obtenidos en el estado.

A estas alturas sólo quedan 4 candidatos: Ron Paul, Mitt Romney, Newt Gingrich y Rick Santorum; tras la renuncia de Rick Perry, Jon Huntsman, Michele Bachmann y algunos candidatos que no llegaron a presentarse.

Mitt Romney es el candidato de la moderación, una especie de John McCain renovado. Es el que más opciones tiene de vencer a un Obama que para muchos se ha convertido en socialista y derrochador. Ha obtenido un gran resultado en la conservadora Iowa y un holgado primer puesto en New Hampshire, pero ha tenido problemas en Carolina del Sur.

Rick Santorum es el candidato más conservador, lo cual le impide poder ganar pese al apoyo de la Iglesia Evángelica. Su única victoria ocurrió en el estado de Iowa, tras desaparecer las urnas de varios colegios electorales, en que pasó de perder por 8 votos contra Romney a ganar por 34. En los demás estados no ha logrado ningún delegado.

Newt Gingrich es el conservador carismático, con más labia que Santorum, ha presidido el congreso (Casa de los Representantes) desde el que ejerció una feroz oposición contra Bill Clinton. Ha logrado poco a poco convencer a los conservadores de que él es el único candidato conservador con opciones, es católico (recientemente convertido desde el luteranismo) y le ha valido el primer puesto en la conservadora Carolina del Sur, superando al mormón Romney.

Ron Paul juega en otra división completamente diferente. Sabe que no podrá ganar las primarias, pero aspira a lograr tantos delegados como le sea posible, a fin de llevar al candidato que los necesite hacia posiciones libertarias (liberalismo económico extremo) y antiestatistas (anarquistas). Es claramente repudiado por los demócratas, salvo por su idea de no intervención en la política extranjera, muy en línea con su idea de no usar el ejército y lograr la paulatina desaparición del Estado.

Tras la victoria de Romney en Florida, el cuarto estado que ha celebrado primarias hasta la fecha y el que más delegados ha entregado (50 para el ganador), todo parece indicar que es el favorito en estas primarias y que sólo está en cuestión el tiempo que tardará en ganarlas; es decir, lo que tardará en hacerse con la mitad de los 2286 delegados.