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Delirios democráticos

La democracia española actual consiste en que el ciudadano vota cada cuatro años a los políticos que quiere que gobiernen las instituciones correspondientes. Punto final. Una vez pasadas las elecciones, el político ya ha obtenido lo que quería y no necesita nada más del ciudadano, por lo que comienzan a hacer y deshacer a su antojo generalmente a favor de sus intereses personales o del partido de turno. Podríamos hablar largo y tendido sobre los mecanismos que  la clase política dominante ha instaurado para perpetuarse en el poder, pero el objetivo de este artículo es diferente.

Mi intención es hablar sobre las posibilidades que las nuevas tecnologías nos brindan para darle una vuelta de tuerca a la política actual, hacer partícipes a los ciudadanos de las decisiones que se toman y dar un paso adelante en favor de una transparencia total. Seguramente lo habrán adivinado, estoy hablando de utilizar las redes informáticas como instrumento de participación política. Quizás hace diez años sería impensable proponerse algo así, pero en pleno 2012, existe la tecnología suficiente para llevar a cabo todo esto. No es ciencia ficción, estamos hablando del presente; es decir, si no se lleva a la realidad es porque no hay voluntad de ello.

Pero concretemos, ¿cuáles son las primeras medidas que se podrían tomar? Expliquémoslo con un ejemplo. Imaginemos un municipio de 10 000 habitantes —Omtown— del cual, por supuesto, tenemos los datos del censo municipal. La primera idea sería la de crear un portal virtual del municipio (www.omtown.es) en el que cada uno de los censados se pudiera identificar con un nombre de usuario y una contraseña. Una vez logueados en el sitio web correspondiente, tendríamos acceso a un foro en el que cualquier ciudadano del municipio pudiera opinar sobre los temas abiertos (“Pues yo opino que hay que crear una filmoteca dentro de la Casa de la Cultura”). Además los responsables públicos podrían dar sus explicaciones sobre la vida política del municipio, explicar lo votado en cada pleno, comentar sus posturas sobre las decisiones que toman, etc.

Hasta ahora no parece que haya propuesto nada realmente novedoso. Pero démosle otra vuelta de tuerca más. ¿Qué tal si se pudieran someter a referéndum ciertas cuestiones importantes para el municipio? Imaginemos que el Omtown Club de Fútbol, que está en Segunda División B, recibe anualmente 500 000€ en concepto de subvenciones por parte del consistorio. Sin embargo, mucha gente piensa que este dinero es excesivo y que realmente se da tanto porque el presidente del Omtown C.F. es el primo del alcalde. Se podría crear una especie de consulta popular en ese portal web de forma que se preguntara a los residentes de nuestro querido pueblo si está a favor de continuar dando esa subvención, de dar menos o incluso de eliminarla por completo. Obviamente esto habría que hacerlo bien, y no se podría poner la pregunta sin más: habría que realizar una labor informativa al respecto de la cuestión planteada, dando argumentos a favor y en contra del asunto e intentando ofrecer la mayor cantidad posible de información para que la gente pudiera votar en consecuencia.

Todo esto es sólo un ejemplo, pero puede dar una pequeña idea del potencial que tendría una herramienta así. Puede ser inmenso sólo con extrapolarlo a muchas otras cuestiones de mayor calado, incluso de entes de mayor envergadura como CCAA o el Estado. Pero bueno, no se puede comenzar a construir una casa por el tejado, por lo que primero habría que probar el sistema a pequeña escala.

Los beneficios que se conseguirían son evidentes: se crearía una grandísima implicación activa de los ciudadanos en la política, los gobernantes no podrían vivir de espaldas al pueblo durante los cuatro años posteriores a unas elecciones, y en general sería todo mucho más democrático. ¿Delirante? ¿Tal vez utópico? ¿Villuelesco? Juzguen ustedes mismos.

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Grados de democracia

Hace un mes celebramos el día de la vigente Constitución Española, la norma más importante de nuestra democracia. Pero al mismo tiempo que celebramos la democracia, debemos recordar que existen grados de la misma, y no estamos en el más elevado. Es una triste realidad que hay que admitir, pues nos faltan dos cosas mínimas: separación de poderes y poder último del pueblo sobre cualquier líder. No está reñida la autocrítica con disfrutar lo que se tiene.

[Excluiré de mi análisis al jefe de Estado, ya que en España su figura carece de poder y tiene un carácter meramente representativo]

Existe un parlamento que ejerce el Poder Legislativo. Este órgano se divide en Congreso y Senado, aunque hay que aclarar que quien lleva la iniciativa y el peso de la legislación es el Congreso, mientras que el Senado se limita a vetar o enmendar las leyes —aunque con escaso poder, ya que necesita mayoría absoluta, y con esa misma mayoría el Congreso levanta el veto o veta a su vez cualquier enmienda hecha por el Senado.

En este punto habrá quien diga que no siempre hay mayoría absoluta. Pues se equivoca, siempre la hay: si no la logra un solo partido, la logra una coalición o de lo contrario no se puede generar gobierno. Hasta la fecha, la experiencia nos dice que la segunda opción es aún peor, ya que además de gobernar a su manera, el partido mayoritario paga un “peaje” a los partidos bisagra que completan la coalición.

Por todo lo dicho hasta ahora argumento que, en la práctica, únicamente el Congreso ejerce el Poder Legislativo.

Además, debido a la disciplina de voto y al funcionamiento interno poco democrático de los partidos políticos, acaba siendo el líder del partido (o a lo sumo la junta directiva del mismo) quien controla las acciones de sus miembros en la cámara y por ello pasa a ser una o pocas personas quienes hacen uso del Poder Legislativo, más que la cámara en sí.

El presidente del gobierno es elegido y depuesto por el Congreso y ejerce el Poder Ejecutivo. Por tanto el Congreso también ocupa el Poder Ejecutivo.

El Fiscal General del Estado es nombrado y depuesto por el Gobierno, a placer.

El Defensor del Pueblo es nombrado por el Congreso.

El Consejo General del Poder Judicial consta de 21 miembros, elegidos 10 por el Congreso, 10 por el Senado y el que falta es elegido por el propio Consejo de entre los jueces del Tribunal Supremo que pasa a presidir ambas instancias.

Por último, el Tribunal Constitucional —auténtico tribunal Supremo, pues cualquier decisión del Supremo se puede apelar ante el TC, si a este último le parece oportuno— consta de 12 miembros elegidos de este modo: 4 los nombra el Congreso, 4 el Senado, 2 el Gobierno y 2 el CGPJ (que ya hemos dicho que estaba politizado).

Obsérvese que no queda ni una sola de las “sagradas instituciones” que no esté a las órdenes del Parlamento (o haya sido nombrada por éste), y especialmente del Congreso. Si bien es verdad que en los nombramientos que realizan el Congreso y el Senado se necesitan hasta 3/5 de la cámara (60%).

Ahora trataré el segundo tema: que los gobernantes no tienen plena legitimidad y, en cuanto son elegidos, pueden hacer prácticamente lo que sea.

Ya hemos hablado del TC, y la consecuencia de que esté completamente politizado es que el presidente, los diputados de su partido (que están a sus órdenes) o algún otro poderoso personaje podría saltarse la Constitución cuando quisiera, porque la palabra de ese tribunal es inapelable y aunque te declare culpable no te puede condenar a nada (no hay penas por violar la Constitución si otras leyes menores no la fijan). Por supuesto, estoy poniendo un caso extremo de corrupción masiva, hasta el punto de que se decida legalizar el robo de las arcas públicas, por ejemplo.

El Congreso, que tiene (casi) todo el poder es elegido de un modo peculiar que tiene dos problemas:

1. No hay proporcionalidad: algunos pueden obtener más escaños que otros, con menos votos.

2. No eliges a candidatos concretos dentro de un partido, sino a una lista bloqueada.

De este modo el líder del partido que tenga mayoría absoluta en el Congreso, con o sin pactos, tiene el poder absoluto, no por ser presidente del gobierno, sino por dirigir el partido mayoritario en la cámara, como ya he señalado antes.

Añado ahora que, según la Constitución Española de 1978, si se recoge 1 millón de firmas el Congreso discute si se celebra o no un referéndum, y en qué términos lo celebra, de lo que se pedía con las firmas, aunque de entrada no se puede pedir referéndum para reformar la Constitución, ni un estatuto, ley orgánica… Es decir, nada de lo importante. Por otro lado, aclarar que un referéndum en España no es vinculante, por lo que se podría decir que el Parlamento no sólo representa sino que a veces sustituye al pueblo, pudiendo imponer su voluntad sobre la del pueblo en un momento concreto.

De este modo, el líder del partido que gana (por mucho o por poco) goza durante 4 años del poder absoluto, irrevocable, puede vulnerar la Constitución sin castigo, tener en el Congreso y en todo lo demás gente fiel y servil, y hacer en definitiva lo que quiera sin que el pueblo lo pueda castigar. Pasados 4 años, puedes no votar al partido anterior y votar a otro, pero éste puede hacer lo mismo; es más, desde el poder, el presidente puede suprimir las elecciones para siempre (o hacer que se celebren cada 50 años) y sería “constitucional” si el TC lo avalase.

Espero que mis palabras hagan reflexionar, no tengo intención de desprestigiar a España ni que nos flagelemos en vano. Mi intención real es la de llamar a todos a unir fuerzas para mejorar nuestra democracia y nuestra nación. Porque existe solución a todo esto, pero para ponerla en práctica será necesario obtener mayoría (tal vez absoluta) en el Congreso, visto cómo está el actual panorama político.