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¿Fue la Ley de Violencia de Género culpable del aumento de suicidios? (II)

En otros artículos de este mismo blog, se comentó una posible relación del aumento de suicidios con la Ley de Violencia de Género. Las preguntas venían motivadas por los datos que ofrecía el siguiente gráfico:

Como podemos observar hay un salto entre 2006 y 2007. ¿Pero a qué es debido realmente? Tras investigar un poco con los datos se ha observado que es un simple cambio de criterio a la hora de contabilizar suicidios. A partir del 2007, el INE decidió lo siguiente:

Desde 2007, siguiendo los estándares internacionales en la materia, se ha adoptado la decisión de suprimir los boletines del suicidio, y obtener la información estadística relativa al suicidio a partir de la información que ofrece el boletín de defunción judicial que se utiliza para la Estadística de Defunciones según la Causa de Muerte.

Tras acudir a la Estadística de Defunciones según la Causa de Muerte, se han obtenido los siguientes datos navegando entre los diversos informes

año Suicidio hombre Suicidio mujer Total
2010 2456 689 3145
2009 2743 686 3429
2008 2648 773 3421
2007 ? ? 3263
2006 2504 730 3234
2005 2557 824 3381

Como podemos observar la tasa no aumenta. Incluso en 2010 y en plena crisis se reducen -lo que daría para otro debate sobre si los desahucios afectan al número de suicidios-. No obstante hay que indicar que faltan los datos de 2011 y 2012. En conclusión, y contestando a la pregunta que lanza el título de este artículo, no se puede observar aumento objetivamente hablando. Lo que no quita que la actual Ley de Violencia de Género sea injusta al despojar a los hombres de la presunción de inocencia o al no luchar contra la violencia de mujeres a hombres, o de parejas del mismo sexo.

Cuando confundimos discriminación positiva con igualdad

Tras la tormenta llega la calma y, una semana después de los polémicos tweets de Toni Cantó sobre la violencia de género, va siendo ya hora de hacer una reflexión que vaya un poco más allá de pedir la dimisión del único político (que me corrijan si no es cierto) que, tras cometer un error, ha pedido disculpas no una, sino hasta en tres ocasiones.

Lo cierto es que el revuelo generado por la traicionera red social de los 140 caracteres y las poco acertadas informaciones sin contrastar del diputado de UPyD han llevado, no a pocos ciudadanos, aquéllos que han decidido pasar del linchamiento a una actitud algo más productiva, a hacerse las siguientes preguntas: ¿es la Ley Integral contra la violencia de género una ley justa? ¿Realmente está siendo efectiva? ¿Es discriminatoria hacia los hombres? Incluso algunas atrevidas nos hemos osado plantearnos ¿es realmente una ley feminista o es más bien machista?
La actual ley de género promovida por el PSOE y aprobada en el año 2005 parte del siguiente supuesto: las mujeres han sido minusvaloradas, despreciadas y maltratadas durante siglos, su palabra era considerada menos que la de un hombre, la violencia contra ellas era una lacra y había que erradicarla. Hasta aquí creo que pocos discreparán, nadie va a negar la lacra que ha supuesto y, por desgracia, sigue suponiendo, la violencia machista, y nadie va a poner en duda que es necesario legislar para acabar con ella, pero ¿cómo legislamos?
Tras más de siete años de aplicación de la Ley Integral contra la violencia de género, el número de muertas por violencia machista no ha bajado, la conclusión lógica es que esta ley no está cumpliendo la finalidad con la que fue concebida, pero, por algún motivo que yo sinceramente desconozco y sobre el cual no voy a especular aquí, la ley no ha sufrido ninguna alteración, y ponerla en tela de juicio conlleva el linchamiento a quien ose hacerlo por una importante parte de la sociedad española tachándolo de machista, maltratador o incluso asesino, adjudicándole una supuesta “ideología que mata” (http://www.libertaddigital.com/espana/2013-02-25/las-juventudes-de-iu-piden-ilegalizar-upyd-vuestra-ideologia-mata-1276483304/).

Considero, y es ésta una consideración personal que el lector no tiene por qué compartir, que la actual Ley Integral contra la violencia de género es una ley machista, ésta da a entender que las mujeres, tras ser consideradas durante años seres inferiores, son ahora un colectivo susceptible de ser protegido, que necesitan de leyes de discriminación positiva que las ayuden. He de reconocer que nunca he sido muy amiga de las leyes de discriminación positiva, pero lo que me niego es a reconocer que las mujeres somos un colectivo que necesita de este tipo de leyes, las mujeres somos más de la mitad de la población española, somos una parte suficientemente importante de esta sociedad como para que se hagan leyes exclusivas para nosotras. Yo como mujer no las quiero.
La actual ley de género, invito a todos y todas a echarle un vistazo, da más valor a la palabra de una mujer que a la de un hombre, la presunción de veracidad que se otorga a la palabra de una mujer que denuncia a su pareja o expareja por violencia de género invalida la presunción de inocencia del hombre que, sin necesidad de ninguna prueba más allá de la palabra de ésta, se ve pasando una noche en el calabozo y con una orden de alejamiento que le impide acercarse, no sólo a la mujer que ha interpuesto la denuncia, sino a sus hijos y a su propia casa.
Creo que una ley que da más valor a la palabra de una mujer define a la mujer, una de dos, o como un ser superior, lo que me parecería no menos que el fin de la lucha por la igualdad real y efectiva; o como un ser inferior, que necesitaría de esta discriminación positiva.

No me gustaría acabar sin dejar claro que la actual ley de género no está cumpliendo con su objetivo, el número de muertes por violencia machista sigue siendo prácticamente el mismo, y de estas víctimas el porcentaje que denuncian sigue oscilando entre el 20%, tenemos una ley de género que ha dado a las mujeres un arma de doble filo, y no voy a ser yo quien se aventure a decir cuál es el porcentaje de denuncias falsas, pero lo cierto es que a fecha de hoy el gobierno sigue sin ofrecer datos fiables.
Y todo esto se ha hecho en nombre de erradicar la triste realidad de la violencia machista, objetivo que desgraciadamente no se ha conseguido.